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Frank Rijkaard quiso permitir el espectáculo en este choque amistoso, frente al Saint Etienne una de las escuadras históricas de la Liga francesa.

El delantero Santi Ezquerro, que debutaba con la camiseta del Barcelona tras su lesión de pretemporada, se dejó ver con buenos desmarques, por izquierda y derecha, y aunque sin demasiada suerte de cara a la portería, el riojano dejó entrever muy buenas formas cada vez que le llegaba el balón.

El mismo Piquionne protagonizó dos buenas internadas casi seguidas: una asistencia a Mazure, que no aprovechó, y otra incursión en solitario que sólo los nervios templados de Valdés, evitaron que el delantero galo colocase el balón al fondo de la red.

Si en los últimos minutos de la primera mitad, el Barcelona pareció recuperar el pulso, tras el descanso no pudo empezar peor. El capitán francés, Julien Sable, lograba el primer gol en el lanzamiento de una falta directa, en la que la barrera barcelonista falló por la izquierda y despistó a Jorquera, que había sustituido a Valdés.

El Barca mejoró en defensa, pero le faltaba concretar en los últimos veinte metros, y no llegaba a acabar casi ninguna jugada.

El encuentro entró en un momento de contragolpes rápidos de los dos equipos que se iban alternando las oportunidades, como si el campo midiera sólo cincuenta metros.

A pocos minutos del final Ronaldinho aprovechó un despiste del portero francés, en el lanzamiento de una falta directa, para que el balón penetrase bajo los tres palos de la meta local con un disparo impresionante y dejar así su sello, en un partido para olvidar.

(EFE)