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Cristina tiene apenas 7 años de edad y sufre de autismo, lo que le provoca, además de un permanente y profundo déficit en su socialización, comunicación y reciprocidad emocional, un trastorno en su sueño. Muchas noches ni siquiera dormía. Pero un día todo esto cambió, o lentamente empezó a cambiar. Piña, una perra guía entrenada por Alberto Álvarez Campos y Jane Kefford, entró en la vida de Cristina y su familia, modificándola para siempre. Tanto es así que una noche, la madre de Cristina llamó por teléfono a Álvarez Campos y le dijo: “Alberto, tengo que contarte algo, por primera vez en siete años he podido darme una ducha, sentarme a cenar y ver una película por televisión con mi marido. Piña se ha ido con Cristina a su cuarto y cerraron la puerta. He ido a verlas y las dos, abrazadas, se han dormido”.

Esta dura pero conmovedora historia de vida de una niña y su perra es solo una de las tantas anécdotas que Álvarez Campos y Kefford contaron a El Observador tras su paso por Montevideo, donde estos dos destacados entrenadores –fundadores de la asociación Perros de Asistencia y Animales de Terapia (Paat)– vinieron a apoyar el trabajo realizado a nivel local por Alberto Calcagno, presidente de la Fundación de Apoyo y Promoción del Perro Asistencia (Fundappas), quien desde hace un tiempo viene pujando por la creación en Uruguay de una escuela de perros guía, como por ejemplo la Guides Dogs for the Blind del Reino Unido, probablemente la más importante del mundo. Allí se entrenan más de 1.200 cachorros al año, llegándose a entregar cerca de 850 perros a los usuarios, siendo una gestión exitosa entre el 78% y el 83% de los casos porque, como señala Álvarez Campos, “no todas las personas pueden tener un perro guía”, en el sentido de que el trato con el animal requiere de tiempo, sentido de la responsabilidad y buenas condiciones físicas y mentales. Condiciones que si no se cumplen pueden determinar que el perro guía sea más una carga que una ayuda.

¿Escuela en Uruguay?
Según Calcagno –ciego a los 57 años de edad y que llegó acompañado de su perra Sunnee–, si bien en Uruguay no existen cifras oficiales de cuántas personas sufren algún tipo de discapacidad visual, se calcula que hay entre 40.000 y 60.000 individuos con problemas más o menos agudos. “Nuestros datos son que el 12% de esta cifra son ciegos totales, mientras que el resto se trata de personas con baja visión aguda. Por lo tanto, los potenciales usuarios de perros guía en Uruguay son muchos, ameritando así que exista una escuela de entrenamiento”, señaló el presidente de Fundappas, agregando que la fecha para la apertura de este centro –cuyo terreno cedió en comodato la Administración de los Servicios de Salud del Estado en el mismo predio del Hospital Saint Bois– depende de muchos factores, entre ellos esperar al menos siete meses, hasta que lleguen de España los primeros perros guía que se acoplarían a los futuros usuarios.

“Además del potencial número de usuarios, lo interesante de abrir en Uruguay una escuela de perros de asistencia, principalmente de perros guías, es que se trataría del primer centro de esta índole para América Central y Sudamérica. Pero no solo esto es importante, porque las escuelas de perros guía llevan años existiendo en el mundo, pero no la que buscamos posicionar aquí. Es decir, el diferencial es que todavía no existen muchos centros de este tipo que trabajen con terapias asistidas por perros, o mejor dicho, perros que trabajen en problemáticas como el autismo, el alzheimer, la diabetes y la drogadicción, entre otras patologías. En esto estaría a la vanguardia”, remarcó Álvarez Campos.

No solo lazarillos
“Las personas no videntes logran, a través del perro guía, una mayor integración en la sociedad, así como también un mejor nivel profesional, ya que ganan independencia en la libertad de movimientos. Parecen cosas simples, pero no lo son. Algunas de estas cosas se pueden alcanzar con el clásico bastón blanco de los ciegos, pero otras no, porque el perro guía no es solo un buen lazarillo sino un compañero de viaje, un amigo, una contención. Es importante remarcar que la escuela, aunque utilice perros, es una escuela para personas. De nada sirve tener un excelente perro si su usuario no sabe sacarle lo mejor de su potencial”, puntualizó Kefford, nacida en Coventry, Inglaterra, en 1966.

Según Álvarez Campos, es importante tener un perfil adecuado del usuario de cada perro, porque no es lo mismo un joven universitario de 22 años que un señor de 73 que vive en el campo. “Los dos tienen el mismo derecho a una movilidad más eficiente, pero las necesidades son diferentes, por lo tanto, los perros son diferentes”, señaló el entrenador, agregando que el proceso comienza con la selección del usuario y a partir de ahí se identifica al perro adecuado, que en general suele ser un labrador, un golden retriever o un pastor alemán, generándose una especie muy particular para este trabajo, solo en su primera generación, cuando se cruza un labrador y un golden retriever.

“El ciclo completo es el siguiente: los cachorros, entre las 6 y 8 semanas, son entregados a una familia que nosotros llamamos de acogida. Esta familia lo que hace es que el perro esté bien socializado, que sea equilibrado socialmente y mentalmente. Luego, a partir de los 12 meses, ese perro entra en nuestro centro de adiestramiento y allí completamos su preparación específica para un usuario en específico”, remarcó Álvarez Campos, recordando que en esta visita a Montevideo entrevistó a seis personas de las cuales tres son candidatos efectivos a que se les encuentre su perro guía en España.

Una compañía todo terreno
El entrenador nacido en Zamora, España, en 1965, hizo énfasis en la cantidad de problemas que los perros pueden ayudar a resolver, como por ejemplo, asistencia a personas con discapacidad física, a quienes ayudan a abrir y cerrar puertas y cajones, llamar el ascensor, encender las luces, recoger el teléfono celular cuando suena e incluso a quitar la ropa. En el caso de los niños autistas, como el ejemplo inicial de Cristina y Piña, Álvarez Campos dice que los animales proveen sobre todo estabilidad emocional. En personas con audición baja, los perros están entrenados para avisar, a través de una postura determinada, los sonidos del despertador. En el caso de los niños con diabetes, el entrenador dijo que los perros avisan a los padres cuando hay un alta o baja de glucosa.

“Estos perros están preparados para ejercer trabajos de motricidad fina, de atención, de memoria, de juego. Es decir, no solo son una compañía, interactúan con los usuarios y en algunos casos, les salvan la vida, como me pasó una vez en Newcastle con un perro guía de un hombre joven, ciego, padre de un niño de 7 años, con problemas asmáticos graves. Una noche, cuando todos dormían, el perro entró a la habitación de los padres y ladró. Como no le prestaron atención, el perro tomó de la mano a la madre y la tiró de la cama para que lo siguiera hasta el cuarto del niño, que no podía respirar. La mujer tuvo que hacerle un masaje cardíaco al niño y salvarle la vida, ya que el médico les dijo que si el niño seguía unos minutos más así se moría”, recordó Kefford.

Un antes y un después de Sunnee
Calcagno lleva dos años y medio junto a Sunnee y según él, lo más importante luego de haber superado el duelo de quedarse ciego a los 57 años fue poder conseguir esta compañía, aceptando que el perro no está allí para generarle dependencia. “Sunnee me ayuda a ser independiente”, sostuvo, remarcando que, como pasa con la mayoría de los no videntes, tener su perro guía no le generó ningún costo, es decir, no tuvo que pagar un peso por la obtención del perro.

“Esto es gracias a las diferentes empresas, fundaciones u organizaciones benéficas que aportan donaciones a las escuelas, así como también del público en general y nosotros mismos, los solicitantes de perros”, remarcó Calcagno, agregando que ojalá en Uruguay se pueda obtener la financiación para que sean muchos los usuarios que puedan tener a mano su Sunnee, o lo que es lo mismo decir: su compañero y guía soleado.