Biden viaja a Israel, se reunirá con Netanyahu y buscará hacerlo con Mahmud Abas
El presidente de Estados Unidos llegará este miércoles a Medio Oriente para expresar su apoyo a Tel Aviv, negociar ayuda humanitaria para Gaza y evitar una escalada regional
El presidente Joe Biden viajará este miércoles a Israel y Jordania, para expresar su apoyo a Tel Aviv, negociar ayuda humanitaria para Gaza y evitar una escalada regional, en lo que se perfila como un test de la influencia de Estados Unidos en Oriente Medio.
Según el jefe de la diplomacia estadounidense, Antony Blinken, Biden transmitirá su “solidaridad” a Israel y después viajará a Jordania para reunirse con el rey Abdalá II, el presidente egipcio Abdel Fatah al Sisi y el líder de la Autoridad Palestina Mahmud Abas, consigna un despacho de la agencia de noticias AFP. Aunque después del bombardeo al hospital de Gaza, Abas habría cancelado la reunión.
“Biden repetirá nuestra convicción de que Hamás no representa a la gran mayoría del pueblo palestino, que también es víctima” del grupo islamista, dijo John Kirby, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense.
Este martes, una fuente de casa Blanca afirmó a AFP que Biden pedirá al Congreso un paquete de US$ 100.000 millones para Ucrania, Israel, Taiwán y la crisis migratoria en la frontera con México. Una solicitud que llega en un momento en el que el Congreso de Estados Unidos sigue paralizado porque los congresistas no consiguen ponerse de acuerdo para elegir a un presidente de la Cámara de Representantes, de mayoría republicana.
El viaje relámpago de Biden, de aproximadamente un día, recuerda en parte su visita histórica a Kiev en febrero. Al igual que entonces, el demócrata, de 80 años, viaja a un país en guerra desde hace 11 días.
Pero la comparación termina ahí. Esta vez el viaje no se mantendrá en secreto hasta el último minuto, no será recibido con los brazos tan abiertos como en Kiev y hay más en juego. El presidente estadounidense dice estar conmovido por el sangriento ataque de Hamás del 7 de octubre y aseguró que Israel tiene “el deber” de defenderse. Pero el bombardeo israelí contra un hospital en Gaza, que dejó un trágico saldo de al menos 500 víctimas, según las autoridades palestinas, a pesar de que Israel niega ser responsable del ataque, volvió a encender las alarmas en el entorno presidencial estadounidense.
Hasta ahora, el asalto del grupo islamista palestino causó 1.400 muertos en Israel, según las autoridades. Biden es consciente del riesgo de catástrofe humanitaria en la Franja de Gaza, bombardeada por el ejército israelí, que además prepara una ofensiva terrestre en este territorio.
Alrededor de 3.000 personas, a las que habrá que sumar el número definitivo de las víctimas por el bombardeo al hospital, murieron en ataques israelíes en territorio palestino, según el ministerio de Salud de Hamás, que gobierna el territorio.
En su reunión con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, Biden intentará garantizar la entrega de ayuda humanitaria extranjera al enclave, que se encuentra bajo bloqueo.
En Jordania intentará mitigar las reticencias de Egipto a abrir o al menos entreabrir su frontera a los civiles que huyen de la guerra, mientras un millón de palestinos ya fueron desplazados del norte al sur de la Franja de Gaza.
Además, el presidente estadounidense quiere disuadir al movimiento libanés proiraní Hezbolá y, por tanto, a Irán, de que empeoren aún más las cosas. Estados Unidos no quiere que el conflicto se propague, entre otras razones porque ya suministra ingentes fondos a Ucrania y quiere conservar recursos estratégicos para hacer frente a China si lo necesita.
El viaje de Biden será un test sobre la influencia de la “nación esencial”, una expresión de la exsecretaria de Estado Madeleine Albright, que Biden hizo suya.
“Somos Estados Unidos de América, por el amor de Dios, la nación más poderosa de la historia del mundo. Podemos ocuparnos de Ucrania e Israel a la vez”, dijo el presidente el pasado domingo en la cadena CBS.
Biden también cuenta con su habilidad personal. Después de cuarenta años de carrera política, el demócrata está convencido de que puede resolver las situaciones más complejas con su talante negociador.
Pero no tiene el control total sobre los hechos: cualquier despliegue adicional de ayuda a Israel necesita la luz verde del Congreso estadounidense y la Cámara Baja lleva días paralizada, sin presidente, desde que un grupo de partidarios del exmandatario Donald Trump destituyó al que tenía.
Biden, en campaña para un segundo mandato, no puede permitirse la más mínima debilidad, cuando murieron 30 estadounidenses desde el ataque de Hamás y se teme un estallido de odio contra judíos y musulmanes, en un país ya muy dividido. El domingo pasado, un niño musulmán de seis años fue asesinado a puñaladas cerca de Chicago, un crimen racista que la Policía relacionó con la guerra entre Israel y Hamás.
(Con información de agencias)