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La selección brasileña reposa y se prepara para la Copa América a unos pocos kilómetros del lugar donde el legendario delantero argentino Alfredo Di Stéfano se formó antes de dar su salto al fútbol profesional.

El lujoso hotel donde Brasil permanecerá toda la Copa América está ubicado en una zona rural en el municipio bonaerense de Campana, a apenas cinco kilómetros de la finca donde Di Stéfano vivió con su familia en su adolescencia, en el pueblo de Los Cardales, y a unos 60 kilómetros de la Capital Federal.

Di Stéfano nació en Buenos Aires en 1926 y se mudó con su familia a Los Cardales, a vivir en el campo, entre 1942 y 1945, época en la que jugó tres temporadas en las ligas regionales de la zona norte de la provincia de Buenos Aires con el humilde club Unión Progresista.

El equipo vestía una camiseta albiceleste similar a la de la selección argentina, fue campeón regional en 1945 con una alineación en la que destacaban Di Stéfano y su hermano Tulio.

Entonces, los ojeadores de River Plate descubrieron el enorme talento de “La Saeta Rubia” y le abrieron las puertas de su primer equipo profesional, con el que comenzó una carrera brillante que continuaría en el Millonarios colombiano y en Real Madrid.

A su paso por Los Cardales, Di Stéfano dejó los estudios para trabajar en el campo. Hizo de todo: jardinero, frutero, lechero y no soñaba en que un día se convertiría en el mejor futbolista de su generación, según él mismo contó en su biografía, titulada “Gracias, vieja”.

El paso de Di Stéfano por Los Cardales quedó inmortalizado en un memorial, en un bar en la plaza del pueblo, que lo mantiene Alberto Di Yorio, el principal guardián del recuerdo de los años mozos del presidente de honor del Real Madrid.

Di Yorio es hijo de un ex compañero y amigo del internacional argentino en el Unión Progresista y regentea el bar donde se conserva un panel iluminado con dos camisetas de Real Madrid firmadas –una de ellas de los años de 1960–, recortes de periódico de la época en español, inglés y portugués, la biografía del jugador, enseñas y otros recuerdos.

La joya del memorial es una fotografía en blanco y negro de 1943 de cinco jugadores del Unión Progresista, entre los que aparecen un joven Di Stéfano de 16 años con una resplandeciente cabellera rubia, su hermano y Atilio Di Yorio, el padre del dueño del bar. Di Yorio asegura que Tulio era “incluso mejor jugador” que Alfredo, pero una lesión de rodilla le impidió llegar a ser profesional.

Según él, el padre de Di Stéfano era “un visionario” porque obligaba a sus hijos a hacer una exigente preparación física que no era costumbre en la época.

El padre de Di Stéfano plantó dos filas de álamos a ambos lados del camino de tierra de 300 metros que separa la casa de campo de la carretera y obligaba a sus hijos a “gambetear” los árboles, según el relato que Di Yorio hizo a la puerta de la finca, que ahora pertenece a otros dueños.

“El padre iba en un sulki tirado por un caballo llamado Bómbolo y hacía que sus hijos fuesen corriendo detrás hasta Los Cardales por 5 kilómetros antes de los partidos”, dijo Di Yorio.

La cancha quedaba en el centro del pueblo, al lado del bar de la familia Di Yorio, que los jugadores utilizaban como vestuarios.

Hace unos pocos años, el dueño de la cancha vendió el terreno, que ahora ocupan varias tiendas y un centro de salud. “La destrucción de la cancha fue un funeral para el pueblo”, concluyó Di Yorio.

El fútbol ha vuelto ahora a Los Cardales de la mano de la selección brasileña, pero el calor de la Canarinha no lo han sentido todavía los vecinos. Brasil con un plantel renovado, confía en poder conseguir su tercera Copa América consecutiva y la novena en su historia.