Crónica escrita en marzo del 2007, unos días después de la muerte de el Caballero Rojo
Crónica escrita en marzo del 2007, unos días después de la muerte de el Caballero Rojo
Se murió el Caballero Rojo. ¿Quién se murió? El Caballero Rojo, el luchador más admirado de la troupe de Titanes en el ring, el programa de lucha libre que condujo Martín Karadagian en las décadas de los 60 y 70, y que encantó a una generación de niños y adolescentes. La noticia ni siquiera fue registrada por los más jóvenes -los del "¿quién se murió?"- pero sembró nostalgia entre quienes lo vieron pelear contra El Vikingo, El Cavernario o Benito Durante.
La máscara que cubría su rostro escondía también una historia menos fascinante que la que escribía arriba del ring. Se llamaba Humberto Reynoso, y sus músculos enfundados en un traje de color rojo intenso eran el resultado del trabajo que ejercía como estibador portuario.
"Abrazáme. Hoy estás más linda que nunca", fueron las últimas palabras de Reynoso dedicadas a su esposa. Y los negocios del pueblo de San Pedro bajaron sus persianas durante 24 horas en señal de luto.
Lo poco que se conoce de este hombre es que tenía una casa en el balneario La Paloma. Un día, dos periodistas uruguayos de paso por el balneario se enteraron de la presencia del ex luchador y fueron a saludarlo. Mientras conversaban en la puerta de la casa con un caballero en pantalones cortos y chancletas, unos ladrones intentaron robar el auto de los visitantes.
Reynoso, ya despojado del personaje pero no de su sueño de justicia, pegó un pique corto y ahuyentó a los malos de turno. Surrealista, bizarro y kitsch, el Caballero Rojo hubiera aprobado desde su mundo de llaves Doble Nelson y patadas voladoras.