ver más

El maratón de partidos que hubo entre viernes y domingo en Montevideo dejó en el hincha sensaciones muy diferentes y transcurrieron desde el placer que brinda ver a Uruguay a los insípidos encuentros del torneo local, que reflejan el raquítico nivel del Apertura.

Aunque incomode, esa es la realidad, pero ya no solo porque los valores de mercado obligan a que los buenos jugadores emigren rápidamente –una realidad incuestionable y que no admite otra lectura-, sino porque mientras los diamantes están en Uruguay entrenan y transitan por la vida como para jugar con las exigencias mínimas que les permitan destacarse en el torneo de entrecasa, pero cuando cruzan el océano y se instalan en Europa adquieren los mejores hábitos de ese fútbol profesional. Uno de los casos es el de Luis Suárez.

Por esa razón considero que es un buen momento, por las grandes demostraciones de talento individual y colectivo que está realizando la selección bajo la égida de Óscar Washington Tabárez, para que los clubes utilicen ese ejemplo, lo multipliquen, metan bisturí a fondo y provean a sus jugadores de sólidos argumentos para que en Montevideo asuman el fútbol con el mismo rigor profesional que en Europa, aunque el entorno no sea el mismo y resulte fácil escudarse en las carencias para justificar cualquier situación. El secreto está en el trabajo y en brindarse un 100%, sin importar que el entorno no sea el soñado.