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Queridos directioners:

En estos días, muchos adultos y algunos coetáneos se habrán encargado de hacerles sentir que su desazón por la era como mínimo vergonzoso, como máximo despreciable. Sin embargo, desde mi lugar de casi treintañera, que supo ser fanática de los Backstreet Boys, no solo los entiendo, sino que los envidio.

Gracias a internet y, en particular, a las redes sociales, ustedes saben todo lo que hacen y piensan sus ídolos, sin la odiosa intermediación de revistas para adolescentes de dudosa veracidad.

Por si esto fuera poco, pueden comunicarse de forma más o menos directa con ellos. Es posible que jamás lean los comentarios de Facebook o las notificaciones de Twitter pero, ¿qué si un día deciden hacerlo, ven su mensaje y les responden? La sola posibilidad debe de erizarles la piel.

A su vez, la situación actual de la industria discográfica obliga a las bandas a vivir de gira. Si bien One Direction no lo precisa (es la primera banda en la historia en tener tres álbumes seguidos en el puesto número uno del ranking Billboard), igualmente lo hacen. De hecho, estaban de gira cuando Zayn decidió abandonar la banda y rompió sus corazones.

La buena noticia es que van a sobreponerse a este dolor. Lo que jamás superarán es el amor por One Direction. Pueden dejar de escucharlos durante meses o incluso años, pueden sustituirlos por otras bandas o nuevos gustos musicales. Pero, cada vez que vuelvan a sonar, sentirán esa emoción adolescente. Lo dice una treintañera, que ya está ansiosa por ir el 21 de abril al Movie Montevideo a ver Backstreet Boys: Show ’em what you are made of.

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