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Parecería que las ciudades de Mendoza y San Juan no modificaron nada. Así debe ser todo el año.
Muchos arriban a Argentina con la desesperación de ver de inmediato algo que indique que se
llegó al lugar de la Copa América. Sin embargo, no es así.

Ni el Aeropuerto de Mendoza, ni las calles principales, ni los comercios tienen algo característico
que indique que son sede del torneo más importante del continente. Ni siquiera el Hotel
Intercontinental, donde está hospedado Uruguay y donde también se encuentra el centro de
convenciones y acreditaciones, tiene algo que lo identifique.

No hay banderas argentinas, no está el logo del torneo, ni fotos de la mascota.

La carretera que une a San Juan y Mendoza tampoco tenía ni un solo pasacalles. Al ver cuál era la
situación en Mendoza, muchos viajaron con la esperanza de que el lugar donde jugaría Uruguay su
primer partido fuera distinto.

Sin embargo, la situación era idéntica. ¡Ni siquiera había señalización para llegar al estadio! El
Bicentenario, escenario inaugurado hace muy poco, no tiene ni un solo letrero en los alrededores
que indique cómo llegar. A pesar de ser uno de los estadios sedes de la Copa América.

La Policía que trabajó en la organización en las inmediaciones del estadio tampoco sabía
demasiado. No sabían cuál era la puerta de ingreso correcta, por dónde estacionaba la prensa,
por qué calle se podía ingresar. Y las fuerzas del orden que custodiaban las puertas del ingreso al
Bicentenario tampoco estaban informadas.

Simplemente corroboraban si el número de las acreditaciones correspondía con la puerta de
acceso. Ya si el ticket de la entrada correspondía o no con esa zona, parecía ser demasiado.

No hay clima de Copa América. Los que le pusieron el color fueron los chilenos, pero parecía que el
torneo se estaba jugando en el país trasandino. Por estas dos ciudades se promociona poco y nada
la realización del torneo y da la impresión que se vieron desbordados para la ocasión.