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Durante el verano, las idas en familia a la playa o a la piscina se vuelven recurrentes. Por lo general, los adultos tienden a ir a estos lugares para tomar sol, mientras los más pequeños se divierten en el agua. Sin embargo, esta actitud debe tomarse con precaución, si se tiene en cuenta que el ahogamiento es la tercera causa más común de mortalidad infantil y adolescente en Uruguay.

Las causas recurrentes

“Primero están los accidentes de tránsito, después vienen los suicidios y tercero vienen los ahogamientos”, explicó la pediatra Loreley García, profesora adjunta de la clínica pediátrica de la Universidad de la República, sobre las causas de muerte en niños y adolescentes en el país. Las cifras de esta última causa, según apuntó García, van en aumento.

Según explicó la profesional, la gran mayoría de los niños y adolescentes no cuentan con educación formal y obligatoria de natación, lo cual parece absurdo en un país con tantas costas.

“Es fundamental enseñar a nadar cuanto antes. En los más pequeños, además, es importante la supervisión de los adultos, tanto en una bañera, como en una piscina o cerca de pozos con agua, y sobre todo en el mar”, expresó García. Tampoco hay que olvidar los salvavidas y que estos sean adecuados a la edad del pequeño.

Si bien se tiende a pensar en el ahogamiento como un accidente fatal, pocas veces se tiene en cuenta que puede haber un semi ahogamiento, que puede tener secuelas neurológicas graves.

Acampando

Algunas personas prefieren alejarse de las ajetreadas playas durante el verano y cambian de rumbo hacia el campo, ya sea para acampar como para quedarse en estancias o cabañas. Esto no quiere decir que haya menos accidentes.

Las picaduras por distintos insectos son el peligro por excelencia en estos ambientes. A su vez, “hay lugares a los que la gente va a acampar, como en las sierras, en los que hay víboras, y con eso hay que tener mucho cuidado porque, dependiendo de la especie, puede ser venenosa”, señaló García.

De las actividades favoritas cuando se acampa está el salir a explorar. Cuando se desconoce la geografía del lugar, se debe tener especial cuidado con las caídas, ya que pueden resultar en traumatismos graves.

También se debe tener especial cuidado con la ingesta de objetos y alimentos desconocidos, que pueden derivar en casos de asfixia o intoxicación.

Uno de siempre

El cuidado a tener siempre durante el verano es el de la piel, especialmente en la de los niños, que suele ser mucho más frágil que la de los adultos. “Normalmente no se piensa en esto como un accidente pero, por definición, lo es porque se puede prevenir. A largo plazo, las quemaduras de la piel pueden ocasionar daños graves y hasta la muerte”, aclaró la pediatra.

Según García, el horario en que no se debería tomar sol es entre las 10:30 de la mañana y las 18 horas. “Esto no implica que, fuera de ese horario, uno no tenga que protegerse”.

Para que el protector solar realmente prevenga daños graves, debe corroborarse que este proteja tanto de los rayos UVA como de los UVV. Además, el factor que se elija debe ser siempre mayor que 30, tanto en niños como en adultos. Esto es porque, si bien el efecto del protector es a largo plazo, también previene de efectos más inmediatos como la descamación de la piel que sirve como protección, o las manchas.

Los factores de protección que superan los 30 tienen exactamente el mismo efecto. Lo que hace la diferencia es la cantidad de crema que se aplica, que debe ser mayor cuanto más pequeño es el niño. A diferencia de lo que se cree, no es saludable hacer que el producto quede desvanecido sino que, cuanto más blanco, mejor.