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Juan Manuel Blanes ha sido el artistas más influyente de la historia uruguaya en la conformación de imágenes fundacionales de un, valga la redundancia, imaginario patrio. Es autor del retrato más conocido del general José Artigas frente a la puerta de la Ciudadela, de las batallas de Las Piedras y de Sarandí y de mil gauchos retratados en la campaña uruguaya.

Dentro de esa serie de obras, destaca quizás por encima de todas El juramento de los Treinta y Tres Orientales, un cuadro de más de cinco metros de largo por tres metros de altura que representa el desembarco en abril de 1825 de los patriotas que iniciaron un movimiento revolucionario contra el gobierno invasor brasileño.

Visto por generación tras generación de escolares, reproducido en textos de historia, en un mural sobre azulejos en la plaza sobre 18 de Julio y hasta por algún billete, es parte casi del inconsciente colectivo de los habitantes de este país.

El cuadro, que se encuentra desde 1976 en el Museo Blanes del Prado, tiene 136 años de edad desde que Blanes lo terminara a finales de 1877 en su taller montevideano.

Desde entonces, el tiempo viene haciendo mella sobre la tela y el óleo de los materiales originales, y los resultados de esta degradación se dejaron ver sobre el lienzo.

Antes de aplicar para el puesto de directora del Museo Blanes, Cristina Bausero, visitó las instalaciones y le llamó la atención este aspecto de El juramento... Decidió presentar un proyecto para su restauración y desde que fue elegida como jerarca al mando de la institución, Bausero tuvo el cuadro entre ceja y ceja.

Ayer, finalmente, se realizó la presentación oficial de la restauración de El juramento..., que llevarán adelante las dos restauradoras Claudia Barra y Matilde Enhardt en un lapso de seis meses.

Con la presencia de autoridades municipales y ministeriales se llevó adelante un breve acto donde se resaltó el valor simbólico y político de este proyecto.

“Justo antes del Día del Patrimonio, está bueno mostrarle a los ciudadanos cómo se gastan los dineros municipales”, dijo la intendenta Ana Olivera, sobre una obra que tendrá un gasto total de US$ 60.000.

Por su parte, Bausero destacó el carácter del cuadro de Blanes. “Tiene un valor iconográfico impresionante, porque todos crecimos con él. Estamos frente a un cuadro que ficcionó nuestra realidad histórica. No se sabe si hubo o no hubo un juramento en la Agraciada, pero el cuadro lo construyó”, dijo Bausero.

Restauraciones

No es la primera vez que esta obra de Blanes recibe restauraciones. Ya se hicieron en 1964 y en 1972, pero esta vez se pretende que el trabajo tenga una vida mayor.

Las dos encargadas de la restauración tienen amplia trayectoria en trabajos en Uruguay, tanto juntas como por separado, como la restauración del plafón del Teatro Solís, entre otros proyectos.

Hace dos días y mediante un complejo trabajo de ingeniería, a cargo de la empresa Villa Fortín, se quitó la enorme tela del cuadro de su marco original y se la ubicó en un sentido perpendicular al muro de la sala Blanes del museo homónimo.

Los principales problemas identificados por las restauradoras son el desprendimiento de pintura en algunos sectores, considerado como “grave y urgente” por Barra, quien afirmó además que hay aspectos más visibles pero menos graves que este.

El proceso comienza con la limpieza de ambos lados del lienzo, la consolidación de la capa pictórica donde se encuentra el óleo original, pruebas y evaluación del barniz amarillento, retiro de los retoques anteriores, y aplicación de retoques nuevos, con el uso de pigmentos estables y acuarelas de origen europeo.

El mayor desprendimiento se encuentra en un sector derecho del cielo del cuadro, así como en una mano de uno de los orientales.

El camino de un cuadro

Desde que a Blanes se le ocurriera la idea de pintar a los Treinta y Tres Orientales en 1866 pasaron muchos años para que viera su obra acabada, a finales de 1877, luego de dos años de trabajo.

Blanes realizó una verdadera investigación de campo, viajando hasta el río Uruguay a ver la playa y hacer bocetos del paisaje. De hecho, trajo arena del lugar para copiar su color.

El día que lo presentó en público asistió el entonces presidente de la República, el general Lorenzo Latorre.

Un año después el pintor lo donó al Estado. El cuadro se expuso en la muestra de Blanes del Solís de 1941 y al año siguiente viajó a una exposición en Buenos Aires.

En 1975, para la Exposición del Sesquicentenario estuvo en el Palacio Legislativo. Desde 1976 está expuesto al público en el Museo Blanes. Esta restauración pretende dejarlo intacto por muchos años más.