El complejo Verdisol, ubicado en Camino Melilla y Camino uno (Nuevo París), está mayoritariamente ocupado por intrusos que hacen uso pleno de las viviendas y servicios sin pagar por ellos.
El complejo Verdisol, ubicado en Camino Melilla y Camino uno (Nuevo París), está mayoritariamente ocupado por intrusos que hacen uso pleno de las viviendas y servicios sin pagar por ellos.
La falta de controles por parte de las autoridades hizo que el complejo se convirtiera en “tierra de nadie”, donde abundan las bocas de droga y la criminalidad, según afirman los vecinos.
Juan Carlos López, secretario general del Plenario de Cooperativas de Viviendas y Conjuntos Habitacionales (Covipro), sostuvo que los intrusos hacen que este tipo de complejos sean “completamente anárquicos”.
Las irregularidades no están sólo en la parte legal, sino también en la estructura de las viviendas.
“Los intrusos ocuparon mientras los edificios estaban en construcción y acaban haciendo terminaciones por mano propia. Si le sumamos el hecho de que nunca hubo mantenimiento, podemos asegurar que las viviendas no están en condiciones de ser habitadas”, sostuvo López.
Adentro del complejo viven cerca de 500 familias que no pagan impuestos, ni gastos comunes o la cuota por adquisición de la vivienda que ocupan, aseguraron varios vecinos.
“La mayoría de estos complejos ni siquiera cuenta con una comisión de fomento que controle los gastos comunes o que reporte irregularidades en los pagos”, sostuvo López.
Mie ntras tanto, autoridades de la jefatura de Montevideo declararon a El Observador que el complejo Verdisol es “complicado por la cantidad de pasta base que circula”.
La vida cotidiana.
Dentro de Verdisol funciona la Escuela Nº 270, a la que asisten cerca de 315 alumnos. La mayoría vive en el complejo.
La directora de la escuela, Mónica de León, sostuvo que la vida dentro del vecindario es complicada.
“Hace 21 años pusimos un 222 porque nos robaron las ventanas. Hace dos semanas allanaron una casa por drogas”, dijo.
No obstante, los niveles de asistencia y conducta dentro del instituto son “bastante aceptables”, aseguró la directora.
A medida que alguien se adentra en el complejo, comienzan a abundar las ventanas y puertas tapiadas para impedir el paso de intrusos.
En la entrada hay una serie de comercios improvisados con bloques y chapas que abastecen a los vecinos de los alimentos básicos.
Al lado, se encuentra la terminal de ómnibus Verdisol, que aloja las dos únicas líneas que conectan a la zona con el resto de la capital: el 409 y el 151.
Pese a la mala reputación del vecindario los residentes se sienten tranquilos, pero aseguraron que “de noche, la cosa cambia” y prefieren no circular por la calle.
Antecedentes
El presidente José Mujica hizo referencia a esta problemática a comienzos del año pasado.
Cuando anunció la creación al plan de viviendas, sostuvo que estaba en contra de cualquier proyecto que fuera “enorme”.
“Las cosas grandes funcionan mal (...) amontonar gente no sirve porque son difíciles de controlar”, dijo el mandatario.
Agregó que la intención era evitar que pasara lo mismo que con los complejos anteriores, donde “se juntaron multitudes y se tornaron ingobernables”.
En las décadas de 1960 y 1970 se construyó una serie de conjuntos habitacionales en Montevideo con el fin de brindar una solución de vivienda rápida para los sectores más vulnerables.
El proyecto estuvo en manos del Banco Hipotecario, y brindaba la facilidad de comprar una vivienda hasta en 35 cuotas anuales. Sin embargo, la morosidad fue tal que el banco delegó la recaudación de esa deuda a la Agencia Nacional de Vivienda (ANV).
Desde entonces, ese organismo se encargó de administrar la deuda de los 10.000 morosos que, según publicó el diario La República, en 2009 representaban un monto de U$S 400 millones para recuperar por la cartera social y créditos hipotecarios, a través de distintos fideicomisos.