Con la excusa de la guerra, colonos israelíes echan a palestinos de sus aldeas
Activistas israelíes por los Derechos Humanos confirman que unos 150 kilómetros cuadrados de tierras palestinas fueron vaciados de no judíos desde el ataque de Hamás
En una hora, una aldea palestina en los territorios de Cisjordania ocupados por Israel en forma ilegal según el derecho internacional se quedó sin ningún habitante. Todos se fueron a pie, con sus cabras y ovejas. No les quedó otra opción. Decenas de colonos israelíes llegaron el pueblo de Wadi al Seeq, una pequeña comunidad de 200 beduinos, acompañados por policías y soldados.
El desplazamiento forzado de los habitantes del pequeño poblado, localizado al noroeste de Jerusalén, ocurrió cinco después que el gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu declarara la guerra a Hamás, y se hizo cada vez más frecuente. Los palestinos denuncian que los colonos aprovechan el conflicto para expulsarlos de sus tierras.
“Pagamos por lo que les ocurrió a ellos”, dice Abu Bashar, que se refugió junto a una decena de familias en un terreno privado de Taybeh, en el centro de Cisjordania. El hombre, un pastor dedicado a la cría de caprinos, dice que colonos, policías y soldados les dieron un plazo de una hora para abandonar el lugar, denuncia que al igual que otras del mismo tenor el Ejército se negó a responder.
“Ya ni dormimos, es una pesadilla”, relata Alia Mlihat, una habitante de Mu’arrajat, otra aldea beduina situada entre Ramala y Jericó. A sus 27 años, tiene miedo que su pueblo sea el siguiente en la lista. “Con la guerra, vemos que los colonos tienen más armas, es muy difícil, nos preguntamos qué va a ocurrir”, explica la joven en referencia a las consecuencias de la guerra que se desató luego del ataque de Hamás del 7 de octubre.
El conflicto, inédito por su violencia y magnitud desde la creación del Estado de Israel en 1948, dejó hasta el momento, según Tel Aviv, un balance de más de 1.400 israelíes muertos durante el asalto, sobre todo civiles; y al menos 8.000 en la incesantemente bombardeada Franja de Gaza, según el recuento del Ministerio de Salud en Gaza.
En Cisjordania, ocupada desde 1967 por Israel, y donde ya antes del conflicto se producían enfrentamientos frecuentes, se registró un repunte de la violencia. Según coinciden en informar la Autoridad Palestina y las agencias internacionales de noticias, más de 110 personas murieron allí sólo desde que empezó la guerra.
La convivencia entre los tres millones de palestinos y los más de 490.000 colonos israelíes se volvió especialmente tensa, con una media de ocho incidentes diarios, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), incluyendo desalojos, actos de intimidación, robos y agresiones.
“Estamos viviendo una nueva nakba a causa de los colonos y el ejército”, agrega Mlihat en alusión al término “catástrofe” en árabe, que designa el desplazamiento y expulsión de más de 760.000 palestinos durante la creación de Israel. Ese año, la familia de Mlihat, como la mayoría de los beduinos palestinos, abandonó el desierto de Neguev, en el sur de Israel, un área de 13.000 kilómetros cuadrados que limita con el Sinaí y al este con la zona meridional de Jordania.
Según la OCHA, desde el 7 de octubre último, 607 personas, más de la mitad niños, fueron desplazadas dentro de Cisjordania. En los 18 meses previos, 1.100 personas ya habían tenido que dejar sus tierras debido a la presión de los colonos, que distan mucho de tener el apoyo mayoritario de la opinión pública israelí, pero sí cuentan con el respaldo de políticos de primer orden, incluyendo el gobierno de Netanyahu, respaldado por la ultraderecha.
Por el momento, Bashar piensa en cómo sobrevivir, pero también en regresar. “No tengo ningún otro lugar adonde ir”, dice el campesino. “Teníamos en la aldea todas nuestras cosas, la comida que compramos al por mayor, nuestros tractores, nuestros paneles solares. Todo fue destruido”, explica una semana después de la expulsión, cuando el ejército los autorizó a retornar para recuperar sus pertenencias.
La experiencia soportada con estoicismo por Bashar fue constatada por los medios extranjeros y locales en muchísimas ocasiones. Casas saqueadas, armarios vacíos y camas infantiles rotas constituyen parte de una postal del odio que se repite. También la de juguetes, ropa y alimentos esparcidos por el piso tras el paso de los colonos, que redoblan el asedio circulando con vehículos civiles y banderas de Israel en los alrededores de los poblados palestinos en la Cisjordania ocupada.
Las denuncias también son confirmadas por los activistas israelíes por los Derechos Humanos. “Los colonos aprovechan la guerra para acabar de vaciar la zona C de personas no judías”, explica Guy Hirschfeld con relación a un área ocupada y administrada por el ejército. “Al menos 150 kilómetros de tierra fueron vaciados de sus habitantes palestinos”, puntualiza.
Bashar lo único que quiere es que “los colonos los dejen vivir en paz”, pero no confía en ello. “Hay un plan a largo plazo para expulsarnos y quedarse con nuestras tierras, y aprovecharon esta ocasión para hacerlo, mientras todo el mundo está mirando hacia Gaza”, explica el pastor beduino.
(Con información de AFP)