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Es lo que necesita un equipo para ganar cosas importantes: la liga. ¿Será la suerte del campeón? Nadie lo puede saber, y seguramente los hinchas de Peñarol hagan cuernitos ante la frase, para que no se transforme en pájaro de mal agüero. Sin embargo, lo del carbonero en el Centenario en la noche de este miércoles se le parece mucho. No jugó bien, sintió el cansancio y el desgaste de una seguidilla durísima entre la Copa y el campeonato local. En buena parte del partido fue inconexo con la pelota y sufrió el toqueteo de balón de Universidad Católica. Sin embargo, cuando más lo necesitaba se encontró con la liga: en el final del primer tiempo, un centro de Urretaviscaya que iba a las manos del arquero, pero que encontró el increíble error de Garcés que se chocó con un defensa y dejó la pelota libre, para que Olivera no tuviese más que puntearla y mandarla al fondo de la red para poner el 1-0. Y en el cierre del encuentro, una carambola mayor: pelotazo largo, la pifia del arquero, la rodilla de Martinuccio que pasaba por ahí y se encontró la pelota, y ella que se fue mansita hasta cruzar la red, para desatar la alegría de un pueblo carbonero que se va a Chile con una enorme diferencia, como para empezar a ilusionarse con meterse entre los cuatro mejores de América.

¿El partido? Fue rarísimo, al punto que Católica fue el mayor dominador del trámite, y que a los 60 minutos daba la sensación de que para ambos era negocio el 1-0. Tras un inicio en el que Peñarol había sido levemente superior, -más en las ganas que en el fútbol- pronto los chilenos empezaron a hacerse con el balón y dominar territorialmente. Fue lo más flojo del carbonero en el partido, que no tuvo respuestas al manejo del equipo de Pizzi.

Peñarol consiguió salir del ahogo sobre el final de la primera parte, aunque nunca llegó a plasmar el fútbol de otras noches. De todos modos, casi en el cierre del primer tiempo se encontró con el regalito de la defensa chilena para el 1-0, que le permitió manejar con otra tranquilidad el segundo tiempo.

El complemento no presentó muchas otras emociones. Peñarol está gastando sus últimos cartuchos físicos en la temporada, y muchos jugadores lo demostraron con síntomas de agotamiento. Consciente de ello, Aguirre puso a Albín por Mier, y Peñarol se dedicó a administrar la diferencia, bien parado atrás. A su vez, Católica bajó su intensidad, y poco a poco ambos empezaron a parecer conformes con el resultado. Solo algún contragolpe chileno, y alguna individualidad de Martinuccio amenazaron con mover el tanteador.

El partido se moría con el 1-0, y en el fondo era un buen resultado para Peñarol, en un encuentro que bien podría haber terminado en empate y en el que Católica tuvo una jugada con el tiempo cumplido en la que protestó penal por una supuesta falta de Freitas. Sin embargo, el destino, ese que hace una semana pasada le había permitido romper la lógica y ganarle de atrás a Inter, le permitió encontrar ese segundo gol cuatro minutos pasada la hora. Como para empezar a creer en brujas y en que Peñarol tiene “eso” del campeón.

Ficha técnica:
2. Peñarol: Sebastián Sosa; Alejandro González, Guillermo Rodríguez, Darío Rodríguez; Matías Corujo, Nicolás Freitas, Luis Aguiar, Jonathan Urretaviscaya (m.78, Fabián Estoyanoff), Matías Mier (m.62, Emiliano Albín), Juan Manuel Olivera (m.85, Diego Alonso) y Alejandro Martinuccio. Entrenador: Diego Aguirre.

0. Universidad Católica: Paulo Garcés; Rodrigo Valenzuela, Hans Martínez, Alfonso Parot, Juan Eluchans; Jorge Ormeño, Francisco Silva (m.57, Felipe Gutiérrez), Tomás Costa; Fernando Meneses (m.83, Francisco Pizarro), Marcelo Cañete (m.73, Pablo Calandria); Lucas Pratto. Entrenador: Juan Antonio Pizzi.

Goles: 1-0, m.34: Juan Manuel Olivera. 2-0, m.93: Alejandro Martinuccio.
Árbitro: Héctor Baldassi (ARG), amonestó a Eluchans y Parot (U.Católica) y Guillermo Rodríguez y Freitas (Peñarol).

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