No digas la palabra, ¡carajo!, le gritó el tipo a su amigo mientras bajaban las escaleras de la Ámsterdam. Trataba de mantener la enésima cábala que fue construyendo desde febrero. Pero, aunque el tipo no se quisiese convencer, la palabra Copa aparece en el horizonte. Está ahí, a tres partidos. Y por algo más que por el 1-0 que consiguió este jueves en el Centenario. Está ahí porque, si hacía falta demostrar algo, Peñarol demostró el jueves por la noche que tiene eso que se necesita para ser campeón de América. Podrá serlo o no, y la semana que viene la tendrá bravísima contra un Vélez que demostró en el Centenario que es un equipazo, y que es guapo. Pero, aunque a esta altura suene a repetición, Peñarol tiene mística. Es esa mística que le permite, como esta noche, ganar un partido en el que fue dominado durante 75 minutos.
Corazón de Darío
Con gol de Darío Rodríguez a los 45 de la primera parte, el carbonero ganó 1-0 y se llevó una ventaja fundamental pensando en la vuelta