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El cuarto puesto en el ranking de la FIFA y la selección campeona de América es la cara de lujo del fútbol uruguayo. Orgullo y ejemplo mundial. Que un partido se retrase 30 minutos porque un equipo tuvo que ir a su cancha a buscar otro juego de camisetas es el reverso de esta historia. El lado oscuro. Esas cosas que increíblemente solo pasan en la actividad local.

El Torneo Clausura dio tela para cortar ya de entrada.

Rampla Juniors recibió a Defensor Sporting en el Olímpico. Los equipos ya habían acordado que los visitantes jugarían de blanco.

Pero el arquero picapiedra, Lucero Álvarez, salió al campo con una camiseta de ese color. El juez, Freddy De Seja, lo mandó a cambiarse. Se dijo que tenía otra remera pero negra, la indumentaria que vestía la terna arbitral. También se dijo que se negó a cambiar de buzo.

Entonces Defensor se tuvo que ir al Franzini a buscar la violeta. Increíble. Solo acá. El partido arrancó 30 minutos tarde.

Rampla entró mejor con un tiro libre que Mario Leguizamón estrelló en el palo. Después Moiraghi se la sacó en la línea a Rodrigo Rojo y Asprilla falló solo tras poner rojo de vergüenza a Arias con un gran enganche.

Con la pausa y la distribución de juego de Leguizamón, la velocidad y las ganas de encarar de Asprilla y el ritmo que le puso Rojo por la banda izquierda, Rampla mereció ponerse en ventaja.

Pero se regaló fallando tanto. Y Defensor, claramente dominado, aprovechó la primera que tuvo a su favor.

Alemán recibió en posición dudosa y se la dio a Callorda. El grandote, intratable en el área, se sacó de encima a Barreto y definió mordido para poner el 1-0.

El partido cambió. El gol, ese gran táctico que tiene el fútbol. Defensor movió tres piezas en la defensa y solucionó sus problemas: Herrera al lateral izquierdo, Arias a la derecha y Moiraghi a la zaga por izquierda.

Asprilla se tuvo que volcar a la izquierda y Pablo Pintos solucionó el azote ofensivo del rival.

A partir de entonces Diego Rodríguez fue el dueño del mediocampo y de la pelota.

Defensor la cuidó con la prolijidad de Nicolás Olivera y con la elegancia de Alemán.

Perdió peso ofensivo con la salida de Callorda que sufrió un esguince de rodilla. Pero a los 78’ cuando Rampla –que solo volvió a inquietar con un par de remates de afuera del área– estaba jugado, Federico Pintos lo liquidó con un golazo.

El partido terminó a oscuras. Nublado y más tarde de lo previsto. Cosas del fútbol uruguayo.