El día, el cuerpo y el hambre se mueven en ritmos rutinarios, pero cuando se está de vacaciones los tiempos tienden a alterarse. Y superpuesto a todo esto, se encuentra el mercado, que juega su papel de organizador comercial, casi inevitable, de lo que uno come.
Cuando el estómago reclama a la hora en que baja el sol
Los horarios menos esclavos del verano alteran hasta la hora en que se come. Y este año parece que más, porque los after beach se van consolidando en las playas de Punta del Este, tras su rápida aparición