Dafen, el nuevo rumbo del pueblo de artistas plásticos chinos famosos por copiar cuadros célebres
El boom turístico y económico del pueblito al sur de China de cinco kilómetros cuadrados que tiene 800 galerías de arte y 10.000 artistas plásticos que, sin dejar de copiar cuadros famosos, comenzaron a producir sus obras originales.
Hasta no hace mucho, se ganaban la vida copiando cuadros famosos. Ocurría en el pueblito de Dafen, un suburbio de la ciudad de Shenzhen, a 30 kilómetros de Hong Kong, en el sur de China, donde los artistas plásticos tenían fama mundial de ser los mejores copistas de obras artísticas. Y no eran pocos: la “Villa de los Pintores” que Huang Jiang decidió fundar en 1989 alberga unos 10.000 artistas que, hasta el momento, vivían de reproducir casi a la prefección cuadros conocidos de autores prestigiosos. Pero ahora descubrieron que pintando sus propias obras ganan mucho más.
La “Villa” fue una idea del artista devenido empresario Jiang, que buscaba un lugar tranquilo y apacible para responder a los pedidos de miles de cuadros que le hacían las grandes superficies de supermercados como Wal-Mart.
Jiang, hijo de una profesora de arte, había empezado pintando por encargo de millonarios europeos. Tardaba un par de días por cuadro, que vendía a dos euros, pero con el tiempo consiguiendo finalizarlos en apenas una hora. A ese ritmo, según comentó a la agencia de noticias AFP, logró realizar unos 12 cuadros diarios durante más de 20 años, transformándose quizás en el artista más prolífico de la historia con un total de más de 100.000 cuadros. Luego, comprobó que reunir en la “Villa” a otros colegas, redundaría en un negocio mejor.
Tanto que, según confirma, “en la mejor época, tres de cada cinco pinturas vendidas en el mundo procedían de Dafen”.
Pero la crisis financiera de 2008 jugó en contra también del arte. Las exportaciones comenzaron a caer año tras año y el golpe de gracia fue en 2020, cuando China cerró las fronteras ante la pandemia de covid-19.
Los artistas plásticos, como tantos otros, tuvieron que reinventarse para sobrevivir. Y la solución llegó de sus propios pinceles: decidieron aprovechar el auge del arte en China post pandemia –el segundo más grande del mundo– y comenzaron a pintar sus propias obras en lugar de copiar.
El otro Van Gogh
Zhao Xiaoyong es un pintor autodidacta que vendía réplicas de cuadros de Vincent van Gogh por 1.500 yuanes (unos US$ 217). Llegó a Dafen en 1997, y junto a su familia vivían y trabajaban con otras cinco personas en un minúsculo departamento de dos ambientes. "Era como una línea de montaje –dice a AFP–. Cada artista pintaba una pequeña parte de un cuadro, como un ojo o una nariz, antes de pasárselo a otro pintor para que dibujara un brazo, una pierna o una manga de camisa".
Pero luego de años de hacer copias de obras maestras, Zhao reunió sus ahorros y visitó el museo Van Gogh en Ámsterdam y el asilo Saint-Paul-de-Mausole, en Saint-Rémy de Provence (al sur de Francia), donde copió el célebre "La noche estrellada". Pero esa fue su última copia. "Sentí que finalmente podía entrar en el mundo de Van Gogh en lugar de simplemente copiar sus pinceladas. Comprendí que tenía que salir de su sombra y dar vida a mis pensamientos", dice.
Entonces, sus obras originales alcanzaron valores que no imaginaba, hasta 50.000 yuanes (unos US$ 7.270).
Si bien sigue el estilo de su maestro, ahora lo utiliza para contar la vida del pueblo en sus pinceladas. En una de sus pinturas, por ejemplo, aparece él mismo sosteniendo un autorretrato de Van Gogh dentro de un taller donde reposan, aletargados, otros artistas.
La calle de los colores
Luego de que se levantaran las restricciones contra el coronavirus, a finales de 2022, China volvió a una nueva normalidad, y Dafen no fue en absoluto una excepción. Todo lo contrario.
Los turistas regresaron a las calles de la “Villa de los Pintores” en busca de un cuadro a buen precio. Saben que en cualquier callecita de Dafen puede adquirir una copia de "La virgen con el niño", de Duccio di Buoninsegna, el artista más influyente de Siena, Italia, de fines del siglo XIII, por módicos 50 yuanes (poco más de US$ 7). Pero no se trata sólo de un cuadro famoso pintado por un artista local, sino de una impresión a la que se le añade un toque final.
Como explica uno de los artistas a AFP: "La imagen impresa es cubierta con pinceladas para que parezca una pintura real. Los compradores piensan que el fondo impreso está pintado con acuarela".
Otro artista, Wu Feimin, también busca su propio camino en obras inspiradas en el budismo. Ante una enorme cara de Buda que pinta con un cuchillo de paleta, dice: "Solía copiar el trabajo de Picasso, pero ahora tengo mi propio estilo. Lleva más tiempo, claro. A veces tardo semanas, incluso meses, en terminar una pintura. Es arriesgado, pero los márgenes son mejores".
Los cinco kilómetros cuadrados que ocupa Dafen, albergan 800 galerías de arte y cafeterías, transformándose en una fábrica con miles de talleres donde artistas elegidos entre los mejores estudiantes de las escuelas de Bellas Artes de China producen unos 5 millones de lienzos al año, el 70% de la producción mundial de arte plástico.
Los artistas regresaron a las escuelas de arte durante la pandemia de covid-19 para fortalecer sus conocimientos de pintura de montañas o sauces, ingredientes esenciales de los paisajes tradicionales de la plástica china. Uno de los profesores de arte, Yu Sheng, dice a AFP que "los compradores chinos ricos quieren un arte que refleje la estética china".
Y si bien Sheng continúa trabajando en copias de obras occidentales, crea sus propias pinturas para ingresar al lucrativo mercado del arte chino.
Dafen volvió a ser el hervidero de turista en busca de arte. Antes, para obtener una copia de lo célebre. Ahora, además, para conseguir obras nuevas con el sello de lo clásico. Y siempre, a precios acomodados. O como señala Sheng: “Es que, en comparación con los artistas formados en las grandes escuelas, nuestra técnica es mejor, porque pintamos todos los días. Lo que falta es que tener los contactos de los comerciantes de arte de las grandes ciudades. Nuestra supervivencia depende del reconocimiento de nuestro trabajo por parte de los profesionales chinos".
Mientras tanto, el sueño de Huang Jiang y su “Villa de los Pintores” sigue creciendo en base a sus cuadros.