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No puedo empezar sin seguir con las etiquetas. El contador Daniel Carriquiry es uno de los responsables del hasta hace unos años impensado desarrollo de Uruguay como polo logístico de la región, también de que las zonas francas sean mucho más que un lugar tax free y por si eso no alcanzara, es el creador de un emprendimiento modelo y, otra vez, impensado para este país, como lo es Zonamerica.

No puedo eludir tampoco un nuevo “sin embargo”, porque, sin embargo, el empresario no saca cartel de ninguno de sus incontrastables logros ni de haber aportado y seguir aportando tanto al país. Es más, me atrevo a pronosticar que este comienzo le puede resultar demasiado categórico. Y no es que Carriquiry no sea consciente, asuma o sienta orgullo de y por lo que hace e hizo, es solo que su actitud, nada afectada, ajena al cliché de la representación del éxito empresarial, es de una sencillez cuasi franciscana.

En ningún momento de la entrevista, en ninguno de verdad, habló de Costa Oriental y Costa Logística –sus dos prósperas empresas– o de algún otro tema laboral o profesional a título personal. Por si el “nosotros” no fuera suficiente, cuando habló de cuestiones más generales, esa primera persona del plural inclusiva (de sus socios, de sus empleados), vino acompañada de aclaraciones del tipo “no lo hicimos solos”, “estuvo tal persona, tal organismo, tales otros”, “no fuimos pioneros” o “no fuimos los únicos”.

Obviamente, la llaneza y la mesura no son las únicas cualidades o expresiones de inteligencia de Carriquiry. Los invito a conocer varias más, y en el camino a enriquecer nuestra perspectiva en cuanto a lo que es posible hacer, sea cual sea el área en la que nos consideremos hacedores.

Destino: Logística

En 1969, el contador se asoció con su colega Orlando Dovat y abrió el estudio contable Dovat, Carriquiry y Asociados, con especialización en servicios a clientes de los sectores industrial, comercial y de servicios. Más de una década después, a principios de los 80, “entre nuestros clientes teníamos un laboratorio farmacéutico al que le hacíamos las auditorías regionales y los consolidados financieros, conocíamos bien cómo estaba estructurado, incluso desde el punto de vista logístico.

En aquel momento, los laboratorios tenían plantas prácticamente en todos los países de América del Sur y la gestión de las materias primas y los procesos de fabricación de medicamentos era un tema que tenía ciertos problemas y altos costos. Y, como hacemos hasta el día de hoy cuando vemos problemas de nuestros clientes, se nos ocurrió plantearles una solución desde Uruguay, como servicio adicional al profesional”. El problema era logístico.

La solución fue Costa Oriental. ¿Qué habría pasado si no se les hubiese ocurrido satisfacer esa necesidad puntual de un cliente, se habría “conformado” con el ejercicio de su profesión? “Y bueno, el tren pasó en logística. ¿Por qué logística? Porque estaba muy vinculado a lo que estábamos haciendo. ¿Qué hubiera hecho? En principio, la profesión… No sé, hubiera pasado otra cosa.

Dentro de la profesión me dediqué a temas creativos, como por ejemplo a hacer proyectos de prefactibilidad que fueran atractivos para que el gobierno diera beneficios por la inversión de mis clientes. Siempre me gustó ver cosas que necesitaran de creatividad”.

Vía creativa

Así, de mi catálogo de presuposiciones, se desprendió la etiqueta “Actividad rutinaria” de la cajita en la que había guardado a la contabilidad y la logística. En particular, esta última era percibida por mí como una suerte de “contenedor” de productos que van en tránsito desde donde se producen hasta donde se venden. Pero el trabajo de logística que realiza Carriquiry en sus empresas es mucho más que el de un operador. “Creo que es lo que nuestros clientes esperan, que no seamos una empresa que ingresa un pallet, lo almacena y lo saca.

La creación de valor sobre la mercadería es una de las bases fundamentales para que un operador logístico logre relaciones a largo plazo con los clientes”. Entonces, el denominador común de la ruta empresarial y profesional de Carriquiry resultó ser plantearse desafíos que requieran trabajo e ideas. “Siempre elegí hacer cosas que no fueran monótonas o rutinarias.

La contabilidad es básicamente rutinaria: la liquidación de impuestos, la auditoría (que nunca me gustó). Yo encontré esa veta de contabilidad creativa y me fue muy bien, trabajaba mucho con eso dentro del escritorio. Y, tanto en la profesión como en la logística, cada cliente es un proyecto particular, que estudiás y generás. Cada cliente tiene sus necesidades, sus exigencias, emplea tiempos propios, y uno tiene que irse adaptando. Ese es nuestro desafío acá.

El cliente empieza con dos embarques por año y termina con muchos containers todos los meses. Ayudamos a hacer crecer al cliente”. Y de paso, pienso en voz alta, se hace crecer al país. Carriquiry suspira antes de hablar. “Y bueno… la logística está dando, es un desafío que el gobierno ya apoya plenamente. Por ejemplo con la creación de INALOG, el Instituto Nacional de Logística, un ambiente muy apropiado para funcionar. La logística es un proyecto país”.

Primera estación: Colonia – Costa Oriental

No hay marco o realidad que desespere, desaliente o desestimule a Carriquiry. Hago esta afirmación sin miedo a equivocarme, debido a varias señales, algunas aparecen en estas páginas, una está a continuación. Cuando Costa Oriental empezó, no había ley de zonas francas ni infraestructura alguna en la zona franca de Colonia, donde eligieron instalarse.

Le pregunté si Dovat y él no se sintieron mal por la falta total de infraestructura en el lugar (estamos hablando de dos personas que crearon Zonamerica). Él se rió. “Como anécdota, las autoridades de la dirección de zonas francas nos adjudicaron un predio que era un lago. Había muy pocos terrenos, no había otra. No había ni luz ni agua en toda la zona franca, y solo había baños en la entrada, en la oficina de la dirección, que estaba a cuatro cuadras de nuestro predio.

Entonces nosotros rellenamos el lago, hicimos el edificio, hicimos baños, porque necesitábamos que el personal que manejaba medicamentos tuviera duchas. Para tener agua, pusimos un tanque elevado y venía un camión cisterna todos los días a llenarlo. Y para tener luz, pusimos un generador, porque necesitábamos una cámara para productos bajo condiciones de temperatura controlada. En aquel momento, algunos colegas nos decían ‘son locos ustedes, nos van a hacer invertir en Colonia’. Y sí, nadie había invertido porque no había necesidad, era abrir el depósito, sacar mercadería y volver a cerrarlo”.

En esos primeros tiempos, Carriquiry trabajaba sin descanso (“éramos jóvenes y había que hacerlo, prácticamente no teníamos personal”) y viajaba una vez por semana a Colonia, previo paso por Buenos Aires donde se desdoblaba y visitaba clientes del estudio y potenciales clientes de la pequeña Costa Oriental. “No nos hubiéramos imaginado nunca su desarrollo posterior.

Los volúmenes manejados eran muy pequeños, empezamos con un depósito de 750 metros. Y todavía tenemos fotos en las que allí había dos o tres cuñetes referidos a este primer cliente y nada más. Pero si ese cliente estaba resolviendo sus problemas, por qué no otros también. El tema era cómo hacíamos crecer en clientes para generar un movimiento mayor”.

Bifurcación: Zonamerica

Al principio entonces, Carriquiry y Dovat estaban invirtiendo tiempo y dinero en algo que tenía un futuro incierto, porque la ley de zonas francas de 1923 que estaba vigente “carecía de ciertos elementos y tenía restricciones que hacían inviable el desarrollo de un centro de distribución regional. Por ejemplo, el cliente tenía que ceder la mercadería a nombre del operador, ¿y quién cede millones de dólares en mercadería? Somos buena gente, pero [risas]… y ahí fue que Orlando y yo comenzamos el estudio de cómo modificar la ley para que nos permitiera tener una actividad fluida y sin restricciones”.

Y, ante la cuestión de su protagonismo en un avance tangible e importante para el Uruguay, apareció el Carriquiry que esquiva el título personal. “Se dieron una serie de casualidades, no trabajamos solo nosotros, también trabajó la asociación de usuarios. Se vio una necesidad real, porque en aquella época las zonas francas eran prácticamente un depósito fiscal para Uruguay. Por suerte, con el apoyo del gobierno de aquel momento, en 1987 salió la ley 15921, cuyos dos aspectos fundamentales diría que son que se creó la figura del usuario indirecto y el dueño no debía ceder más la propiedad de la mercadería al operador; y que permitió la inversión privada. Y bueno, cuando se aprueba la ley, evidentemente surge la oportunidad de invertir en una zona franca y ahí fue que con Orlando desarrollamos inicialmente Zona Franca Montevideo y después Zonamerica”.

A partir de ese momento, la sociedad Dovat-Carriquiry quedó configurada con el estudio –que mantuvieron durante 40 años hasta que se jubilaron de la profesión hace poco y que quedó en manos de sus jóvenes asociados minoritarios–, Costa Oriental y Zonamerica –esta última tenía otros socios–, todo a partes iguales. En Costa Oriental, Carriquiry era presidente y Dovat vicepresidente, y en Zonamerica invertían los cargos.

“Zonamerica abrió en abril de 1992. Es muy difícil vender un proyecto si no hay actividad, así que naturalmente su primer cliente fue Costa Oriental. Nos instalamos en un depósito de 2.500 metros cuadrados. Fijate que estábamos con 750 metros cuadrados en Colonia, así que fue una gran apuesta. Cuando entré por primera vez al nuevo depósito, dije: ‘Esto no lo llenamos nunca más’. A los seis meses no entraban ni los autoelevadores. Claro, era una zona franca a 17 kilómetros del puerto, a 10 kilómetros del aeropuerto, en Montevideo. Evidentemente era una necesidad que, si bien no se manifestaba, existía. Fue un éxito rotundo, construimos otro depósito y a los seis meses estábamos igual”.

Desvío

Con Costa Oriental como su primer cliente, Zonamerica también crecía rápidamente y tenía un futuro prometedor. Pero una vez más, el impacto que en este tipo de emprendimientos producen las políticas, los marcos regulatorios y las coyunturas locales y regionales, detuvo la marcha. En 1994 salió la resolución 8 del Mercosur que segrega a las zonas francas del mercado común regional, no permitiendo que lo producido en ellas genere origen Mercosur.

¿En qué afectó? En que Zonamerica, alentada por el gobierno, había apostado por atraer industrias, con la consiguiente inversión en captación de clientes, tratamiento de afluentes y energía. De nuevo: Carriquiry, lejos de desanimarse o entrar en el inoperante modo “queja”, pensó junto a su socio la reconversión del recién estrenado emprendimiento. En velocidad, y dando un giro bastante drástico.

“La resolución que nos aislaba del Mercosur afectó los planes iniciales a tal punto que hubo que acomodarse y enfocar muy fuertemente a los servicios y a la logísitica. Eran las dos herramientas, porque la industria, incluso la que ya estaba instalada en aquel momento, de a poco se fue yendo. Y lamentablemente se fue… a Brasil [risas]”.

Cuatro años después del cambio de dirección, Carriquiry y Dovat dejan de ser socios con un intercambio de acciones, las de Costa Oriental pasaron a manos del primero y las de Zonamerica a las del segundo. De nuevo: Carriquiry no se muestra ni siquiera melancólico cuando recuerda el momento en que se separó de su compañero empresarial desde la primera hora. Es porque le parece que fue “lo natural”, desde quién se quedó con qué hasta las causas que produjeron la separación.

“Yo administraba Costa Oriental desde los inicios y Orlando tuvo mucho más injerencia en el desarrollo de Zonamerica. Entonces cada uno pretendía invertir en lo que estaba más, y en esto tenés que invertir en forma personal, si no, no da. Fue una transacción totalmente amigable. Llegamos a un acuerdo, nos separamos y en los aspectos comerciales ya no tuvimos sociedad”.

Nueva estación: Costa Logística

Entre los clientes de Costa Oriental, había algunos “que estaban muy conformes con el servicio y a su vez tenían problemas con su logística en plaza. Entonces pensamos en la posibilidad de darles un servicio en Uruguay no franco”. Así, en 1999, surge Costa Logística, empresa dedicada a la logística local.

“Siempre asumimos que el mercado uruguayo era muy chico y que no había espacio para el desarrollo de una logística del nivel al que nosotros estamos acostumbrados. A veces, unas cuantas, uno se equivoca. Nos llevamos una sorpresa. Empezamos con un cliente en un depósito chiquito de 1.000 metros cuadrados, hoy estamos en 15.000 metros cuadrados y tenemos planes para una nueva ampliación”.

La logística es una actividad compleja por donde se la mire. Por ejemplo, la “conquista” de un cliente lleva aproximadamente un año y medio de trabajo. “Siempre decimos que tenemos ‘paciencia china’”, confiesa el empresario, “y hubo un aprendizaje a no perder tiempo. Salir a buscar una empresa lleva tiempo y tiene costos. Buscamos solo aquellos a los que el tipo de logística que realizamos les pueda servir. Es una regla de oro acá. Como en toda cosa de la vida, tenés que tener muy claro a lo que te querés dedicar”.

La logística es más sofisticada aún en el caso de las empresas de Carriquiry, que apuestan a generar diferencial desde el valor agregado, lo que puede llegar a implicar hasta el armado de pequeñas líneas de producción (envasado, etiquetado) para determinados clientes, lo que redunda en empleo de mano de obra y exportación industrial para el país. Por más que no le reste la cualidad de fascinante complejidad, el sobrio empresario me aclara que “es como todas las empresas, uno las ve de afuera y parece sencillo”. Simplemente cuestión de mirada, ¿no? Me tomo la libertad de disentir: definitivamente, no.

Línea familiar

El apellido Carriquiry es de hacedores reconocidos en este país. Le pregunto si todos los que portan el familiar apellido de origen vasco francés son parientes. “En realidad sí, pero no nos conocemos todos, somos muchísimos. Una vez reunimos solo a los descendientes de nuestro abuelo Pedro y éramos 110 personas”. En cuanto a la parte de descendencia directa, Carriquiry explica que “tenemos un concepto de familia muy arraigado. Hacemos reuniones de primos hermanos todos los años, y yo me voy de viaje cada dos años con mi hermano y su señora, mi hermana y mi señora, siempre a lugares distintos”.

De las tres hijas del contador, dos trabajan con él, una es la gerenta general de Costa Logística y otra está en el departamento comercial de Costa Oriental. “Pero ninguna de las dos cayó en paracaídas, ambas hicieron y hacen su camino y se construyeron sus logros”, aclara. A la tercera intentó tentarla con entrar a la empresa, pero todavía no lo logró.

También hay sobrinos y otros parientes que trabajan con él. “Me gusta mucho trabajar con gente joven, más si son familiares o mis hijas”. El concepto se extiende a la empresa. “Es una familia, parte de una familia que uno continúa. ¿Por qué somos distintos? Creo que es porque yo hago lo mismo acá que en mi casa. Y no soy exclusivamente yo, ni mucho menos. Incentivamos la pasión dentro de la empresa, el trabajo en equipo, esa es la marca que hemos logrado.

Muchas de las personas que están acá tienen 10, 15, 20 años en la empresa y a veces pienso ‘pucha, tienen más pasión que yo’”. Yo a la vez pienso en la responsabilidad económica que implican sus empresas y si a veces no le quita el sueño. “No solo tenés responsabilidad económica, tenés responsabilidad sobre todo por la gente. Porque si tengo 260 personas, es una responsabilidad. Esa gente tiene familia, muchos han crecido acá, se han casado y han hecho su programa de vida mientras trabajan con nosotros. Pero también sos responsable en cuanto a que la empresa tiene que ser viable.

Por otro lado, el principal capital de la empresa de servicios es su gente, no hay duda. Capacitarla, entrenarla… no es una cosa de hoy para mañana. Entonces también ese capital tenés que cuidarlo, tratar de mantenerlo al máximo”.

Última parada: Hoy

Carriquiry no está más en el día a día de sus empresas, en el que “estuve muchos años, corriendo por todos lados. Ahora confío en la gente que tengo, y a mí me gusta darles la oportunidad de que asuman y desarrollen sus habilidades”. Sí está en los proyectos importantes, “primero porque me gusta y segundo porque es una responsabilidad bastante grande tomar una decisión de costos y no errarle para más o para menos.

Hoy, después de tantos años y teniendo una estructura bien asentada, me dedico a lo que me gusta”. En este momento, Carriquiry está creando una nueva empresa de logística en Paraguay, con un socio local y siguiendo el modelo de su Costa Logística. También es creador y presidente de la Cámara de Zonas Francas uruguaya. Fuera de su actividad empresarial, Carriquiry disfruta de placeres sencillos, como estar en familia, irse de viernes a domingo a su casa en Punta del Este, y jugar al tenis.

“Hice mucho deporte, toda la vida. Primero fútbol, después básquetbol. El tenis es mi pasión actual, y lo jugamos todos en la familia. Siempre digo que cuando los padres son deportistas, los hijos salen deportistas”. En cuanto al futuro, “todavía me queda un poquito de fuerzas para seguir acá. La verdad que cuando uno empieza una empresa de cero y ve su desarrollo… tampoco tengo pretensiones de tener la multinacional de acá a cinco años.

Haremos un aterrizaje en Paraguay, puede ser que en Colombia también. Pero no tengo esa ambición de tener la gran empresa. Creo que lo que hemos desarrollado es importante para el Uruguay, para todos nosotros, los socios, nuestra gente, nuestra familia”. Llegó el final del viaje. Lamentablemente, hubo muchas estaciones en las que no me dio el tiempo de detenerme, lugares interesantísimos para conocer. Me despido de Carriquiry con una imagen: “Compramos nuestra casa en Punta del Este en el año 1978. Teníamos la vía al lado, y el tren pasaba a las 9 de la noche. Había una estación enfrente. Hacíamos lindos programas familiares en esa época, juntar hongos, andar en bicicleta, cosas tranquilas, de las que me gustan a mí”.

Mapa con referencias Costa Oriental. Carriquiry es presidente y socio mayoritario del operador logístico regional que el año pasado facturó alrededor de 16 millones de dólares y que en números aproximados tiene: 240 empleados, una cartera de 190 clientes internacionales y 40.000 metros cuadrados que resguardan similar cantidad de metros cúbicos de mercadería valuada en 100 millones de dólares (este número cambia diariamente).