Triunfo en familia se disfruta el doble. Danubio, de la mano de los cuñados Diego Perrone y Álvaro Recoba, dio vuelta un partido que pintaba para derrota humillante y al final terminó goleando 5-2 al atrevido Miramar Misiones.
Triunfo en familia se disfruta el doble. Danubio, de la mano de los cuñados Diego Perrone y Álvaro Recoba, dio vuelta un partido que pintaba para derrota humillante y al final terminó goleando 5-2 al atrevido Miramar Misiones.
El partido, intenso con dos equipos preocupados por jugar bien al fútbol, tuvo de todo.
Arrancó mejor Danubio, de la mano del Chino, jugando suelto delante de la línea de los volantes Píriz, Míguez y Riquero. Con Anderson movedizo y encarador, la franja se puso 1-0 arriba a los 14’ con pase de Recoba, falla de Bano y gol del brasileño.
Pero a los 30’ el partido tuvo un giro cuando Diego Fernández, como ante Peñarol, encaró por la izquierda, enganchó al medio y clavó un derechazo impresionante para igualar. Ahí pasó a dominar el cebrita. A recuperar en el medio con fluidez y a pasar rápido al ataque para sorprender a un mediocampo al que le costó mucho retroceder ordenadamente.
El primer tiempo se cerró con la expulsión de Ángelo Paleso por doble amarilla. Eso llevó a Carlos Laje a reordenar su 3-4-1-2 en un 4-4-1 para, impensadamente, jugar 30’ excepcionales. Firmísimos en defensas, sin conceder una sola situación de gol en contra, y sin perder en ningún momento su veloz vocación ofensiva. El golazo que anotó Sebastián Fernández a los 59’ reflejó en el marcador lo que ocurría en la cancha.
Eduardo Acevedo, que ya jugaba con tres puntas con Leonardo Melazzi, apostó finalmente por Diego Perrone mientras que Laje erró al sacar a Sebastián Fernández, una pesadilla para Tais y Pallas en cada incursión por la banda derecha.
Cuando la hinchada de Danubio, fastidiada porque su equipo no generaba absolutamente nada, le exigía a sus jugadores lo que ponen las gallinas, Perrone logró la igualdad. Centro del Chino, rebote y zurdazo al ángulo del 10.
Después se vino el festival de la franja. Un tiro libre mal cobrado le sirvió al Chino para demostrar que en su zurda pervive el poder de los dioses. Tres minutos después, Anderson lo puso de cara al arco y definió tras picar como si tuviera 20 añitos.
Finalmente en un desborde a pura confianza de Melazzi se sirvió el quinto para Perrone. Y así, lo que era derrota e insultos, terminó en fiesta y aplausos. Cuñados mediante.