En líneas generales Uruguay vivió sus elecciones nacionales en paz y en la noche el país pudo ver los posicionamientos nítidos de los líderes de todos los partidos políticos. No quedan dudas de quién quiere qué.
En líneas generales Uruguay vivió sus elecciones nacionales en paz y en la noche el país pudo ver los posicionamientos nítidos de los líderes de todos los partidos políticos. No quedan dudas de quién quiere qué.
Aunque es de lamentar y condenar el robo y rotura de papeletas que apoyaban la reforma constitucional liderada por el senador nacionalista Jorge Larrañaga Vivir sin miedo, el país vivió una jornada cívica diferente e interesante.
Diferente porque marca un cambio histórico en la representación de partidos políticos en el Parlamento nacional. Nuevas fuerzas como Cabildo Abierto, Partido Ecologista Radical Intransigente y Partido de la Gente tendrán varios escaños en ambas cámaras, lo que constituye una novedad que cambia la dinámica del Poder Legislativo.
Por otro lado, el país se enfrenta a tiempos de necesaria negociación política donde la astucia y la capacidad de quienes lleven adelante esas negociaciones serán claves para la paz social y para el avance de leyes que incluyan cambios.
Cambios que, gane Luis Lacalle Pou o Daniel Martínez en el balotaje, son urgentes y necesarios. Ni la seguridad pública, ni el medioambiente, ni el trabajo, ni la reforma de la seguridad social, ni la educación pueden seguir como están. Con alternancia o continuismo, los abordajes de esos temas puntuales van a necesitar de grandes acuerdos nacionales donde todos los partidos políticos deberán poner a sus mejores hombres.
El país se encuentra en un cruce de caminos en todos esos temas y Uruguay no puede seguir mirando para el costado. Las narraciones de los astronautas que orbitan alrededor de la Tierra dicen en sus memorias que no pueden creer cómo es que ese planeta azul que flota en el universo no pueda ponerse de acuerdo para solucionar los problemas que lo aquejan. Algo similar pasa con Uruguay cuando los uruguayos viajan al exterior. Siendo pocos habitantes y teniendo instituciones sólidas que sostienen el sistema democrático resulta inconcebible que los políticos no se pongan de acuerdo en los temas claves para que Uruguay avance.
Interesante porque la ciudadanía ahora tiene en el menú solo dos platos fuertes: el continuismo o la alternancia. El continuismo lo representa Daniel Martínez que no se preocupó de abonar el terreno para plantar futuras alianzas imprescindibles para gobernar sin mayorías. La altanería del Frente Amplio mirando por encima del hombro al resto de las opciones políticas durante los años de predominio pasa su factura.
Del otro lado, Lacalle Pou obtuvo la noche del domingo apoyos sólidos en filas del Partido Colorado, Cabildo Abierto, Partido de la Gente y Partido Independiente, en una demostración inequívoca de articulación electoral perfecta que pone arriba de la mesa una coalición multicolor que quiere alternancia en el poder.
Es de desear que la campaña hacia el balotaje corra por carriles de respeto y que gane quien mejor represente el sentir de la mayoría de los uruguayos.