ver más

La bola de boliche de Homero Simpson o el bowling de los Picapiedras pueden ser las dos primeras referencias que surgen cuando la esfera empieza a rodar por la pista en busca de hacer caer bolos. La celebración o frustración por el resultado del tiro marcará el resto de las escenas de los personajes que dieron promoción a esta disciplina a nivel mundial.

También ellos se encargaron de potenciar el mito y la creencia popular que el bowling no es un deporte sino que se trata de un juego en el que se juntan a tomar cerveza y lanzar a tirar bolos.

Sin embargo, la realidad, según los profesionales, se encargó de echar por tierra esa primera impresión que genera el bowling y lo plantean como un deporte con tanta exigencia técnica, como pocos.

En ese contexto, en el cierre de este año 2022 el uruguayo Diego Friedmann estableció una marca que no es común. Conquistó el Campeonato Nacional en Uruguay, ganó por equipos en Argentina y firmó la mejor actuación en la historia de este deporte para el Comité Olímpico Uruguayo en los Juegos Odesur, que se realizaron en Asunción en octubre y noviembre.

¿Qué es el bowling y por qué es un deporte muy difícil de jugar?

“Pese a todas las creencias que existen, es un deporte, y no es un deporte más, en realidad es uno muy dinámico”, se apura a explicar el campeón uruguayo a Referí.

La pista tiene 19,20 metros de largo por 1,06 de ancho y una zona de aproximación como mínimo de 4,60 metros. El juego consiste en lanzar una bola con el objetivo de derribar los 10 bolos.

Lo que ocurre que en esos 20 metros cuadrados del largo corredor de la pista comienza a plantear obstáculos y dificultades con las que los deportistas comienzan a lidiar, y que quienes no habitan en esa disciplina desconocen.

A la salida del tiro, durante los primeros 10 a 14 metros (depende de cada torneo) una máquina coloca aceite y realiza diferentes dibujos. Los últimos seis metros son los de fricción en una zona donde la bola realiza diferentes juegos.

Así se refiere Friedmann a las características del bowling: “Para entender por qué no es un deporte más y que en realidad se trata de uno muy dinámico, siempre lo explicó en base a un brazo robótico, porque se entiende que éste no falla y es perfecto en su repetición. Las pistas tienen aceite hasta 45 pies (13,71 metros) de largo y la máquina hace distintos dibujos con el aceite. Eso hace que un brazo robótico con una bola puede hacer strike, pero si utilizo ese mismo brazo robótico que dispara por el mismo lugar, a la misma velocidad y con el mismo efecto en otro tipo de condición (la distribución del aceite en la pista) ese tiro será canal (se va afuera) por izquierda o por la derecha”, apunta.

La bola, el aceite, la pista y los tiros van cambiando permanentemente el área de juego.

“Si ese mismo brazo robótico que en la pista hizo strike lo hago repetir volverá a hacer un strike, tal vez dos o tres, pero está comprobado que al cuarto, con la misma bola, que cuando pasa lleva ese aceite y entra a la zona de fricción, el efecto comienza a modificarse porque la bola, en vez de encontrar zona de fricción encuentra el aceite que dejó de los disparos anteriores. Por esa razón se trata de un juego que lleva mucho de lectura de pista y es dinámico”.

¿Cuál es la gran diferencia entre un buen jugador y un jugador profesional? “Todos pueden tener buen disparo, pero el jugador profesional o el que vive de este deporte se anticipa a las modificaciones y pueden hacer lectura de pista y ver lo que se va modificando en el patrón de juego en el aceitado”.

¿Cuáles son las características de la bola? Friedmann y en general los deportistas uruguayos participan en cualquier torneo con seis bolas. “Cada bola tiene lo que se conoce como nuestra llave, la medida de los agujeros personalizada y cada bola tiene un núcleo distinto que provoca una reacción distinta y a la vez se le modifican las superficies, más porosas, más brillantes, para que corra más, para que haga más efecto”, agrega.

La diferencia entre un jugador uruguayo y el equipo profesional de EEUU o de otros países de elite, radica por ejemplo en que tienen mayor cantidad de bolas, puede llegar a concurrir con 12, cada una con su característica diferente. El día de la práctica oficial las prueban y registran seis u ocho, lo que les permita el torneo. Eso se transforma en una ventaja, apunta el uruguayo, que viaja con las seis que tiene para toda la actividad.

El bowling es un deporte que no exige fuerza, que lleva mucho de lectura de la pista y requiere entrenamiento, pero tirar con mayor o menor fuerza no cambia el movimiento.

La historia de un jugador de bowling

Friedmann recorrió el camino que suelen transitar el reducido número de jugadores de bowling en Uruguay.

Comenzó a jugar a los ocho años en el Club Banco República, que tiene gran tradición en este deporte, en palos chicos y a los 12 lo invitaron a bowling de palos grandes. Es algo así como pasar del baby fútbol al fútbol de 11, o del básquetbol de formativas al de mayores, con cambio de balón.

En este caso pasan a jugar con una bola que tiene tres agujeros.

Fotos gentileza: Marcelo Szwarcfiter Diego Friedmann, campeón nacional de bowling temporada 2022

La pasión del campeón uruguayo por este deporte nació por un regalo familiar.

“Mi tío me regaló mi primera bola de bowling a los ocho, y con 13 años, en 2005, me fui a jugar un torneo internacional en Argentina. Era el jugador más chico de todo el torneo. Mi objetivo en esa competencia fue no salir último. Le gané a dos brasileños y a un paraguayo. Para mí fue un logro pelear cabeza a cabeza para no terminar último en un torneo en el que el nivel era muy bueno. En ese momento estaba Lucas Legnani, campeón nacional argentino histórico y mejor de la historia, que jugaba en EEUU como profesional. Era el Messi del bowling. Fue increíble aquella experiencia. Casi 20 años después, la semana pasada, acabo de jugar junto al Messi del bowling, quien es un gran amigo, el torneo nacional argentino y salimos campeones de tercetos y del campeonato nacional argentino de elite de clubes”.

Friedmann tuvo un año redondo y cerró 2022 como campeón nacional uruguayo en todas las modalidades: individual, todo evento y el master final.

Además, el uruguayo este año compitió en el Iberoamericano en Armenia, Colombia; en los Panamericanos de Campeones de Río de Janeiro, y en los Juegos Odesur de Paraguay, donde por primera vez en la historia Uruguay hizo el corte entre los ocho mejores, tras empatar con el panameño, jugar desempate y ganarle para meterse en la llave de ocho.

Luego Friedmann se cruzó con el 1, le ganó la  primera línea, empató la segunda y la tercera la perdió por mayor diferencia que la primera. Quedó eliminado pero alcanzó, de todas formas, una participación histórica en Asunción 2022.

En la actualidad Uruguay tiene un solo centro donde se realizan competencias oficiales y profesionales. Está en Punta del Este, tiene seis pistas y allí se realizan las actividades en Uruguay.

La Asociación Uruguaya de Bowling tiene 50 jugadores federados y cuatro clubes. Friedmann compite por Bohemios.

Friedmann fue dos veces campeón uruguayo, en 2018 y 2022.

Temas:

bowling Diego Friedmann campeón nacional uruguayo