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El US Open ya se empieza a palpitar, aunque comience recién el 29 de este mes, y los favoritos empiezan a mostrar quién llega mejor y hay dos (uno de cada género) que parecen asomar la cabeza por encima del resto: el serbio Novak Djokovic y la estadounidense Serena Williams.

Parece obvio pensar que el número uno del mundo se debería alzar con el último Grand Slam del año, pero no hay que olvidar que para destronar a Djokovic el español Rafael Nadal (2 del ranking) y especialmente el suizo Roger Federer (3 del escalafón) se afilan los dientes para poder saborear uno de los platos preferidos por ambos como el US Open.

Pero, más allá de que domina la lista de la ATP, Djokovic no dio tregua. Sigue su racha demoledora y lo demostró la semana pasada en Montreal. Luego de ganar Wimbledon y llegar al primer puesto del ranking, se tomó unas vacaciones y recién en Canadá se paseó por los courts como monarca. Y vaya si volvió a demostrar que no le pesó nada salir como favorito, al tope del cuadro principal y esperando en segunda ronda. No tuvo dificultades para subir cada peldaño hacia la final. Apenas algún contratiempo, siempre bien solucionado con juego sólido y absolutamente fuerte de mente.

Djokovic instaló en el circuito la idea de que es invencible y así salta a la cancha. Como lo hizo poco tiempo atrás Federer, hasta que apareció Nadal, y éste hasta el mítico Wimbledon, donde fue destronado, en todo sentido, por el serbio.

La personalidad lo ha llevado lejos a Djokovic. Su clase y potencia lo elevaron hasta ser el número uno del mundo. La primera prueba la pasó con creces en Montreal, y esta semana tendrá otro examen en Cincinnati, pero la graduación puede y debe llegar en el US Open. Si gana allí demostrará que está para más y para batir los récords que se le pongan adelante.

En las últimas décadas, el estadounidense Pete Sampras inscribió incansablemente su nombre en los torneos grandes. Más tarde llegó Federer a destronarlo y arrasar con las marcas establecidas. Nadal se inscribió después en el club de las estrellas y ahora es el turno de Djokovic. Tiene tiempo, pero es su momento.

Serena las pone nerviosas

La historia de Serena Williams es diferente. Dueña de un poderío inconmensurable, llegó al circuito junto con su hermana para derribar cuanto mito se pudiera poner por el camino. No la tuvo fácil en la WTA. Sufrió discriminación, pero se ganó al público a fuerza de coraje y tesón. Sorprendió ganando cuanto torneo se le interpuso. Alcanzó la cima en la rama femenina y luego su tenis mermó y su ranking cayó, producto de las lesiones.

Pero el primer lunes de agosto ascendió 90 puestos y ayer otros 46 (hoy está 31), gracias a los triunfos logrados en Stanford primero y Toronto el pasado domingo.

Estuvo un año fuera de las canchas, 13 meses sin ganar un título, pero en la antesala de jugar un Grand Slam ante su público ya ganó dos en tres semanas y sacude la melena.