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La propiedad intelectual siempre es un tema complicado y con bastante actualidad. Basta ver lo que ha ocurrido con los juicios por piratería y el escándalo generado por el cierre del servicio para compartir datos Megaupload, el año pasado. Pero tarde o temprano el tiempo pone las cosas en su lugar: según la legislación de algunos países, las obras van pasando al dominio público según su antigüedad. Es decir, llega un punto en que, por ejemplo, una canción o libro deja de ser propiedad exclusiva del autor o sus herederos y pasa a ser de libre uso por la comunidad.

Para Europa, ese tiempo es –hasta ahora– de 50 años después de la publicación de la obra. Y por eso 2013 amaneció con la noticia de que el mundo puede ahora usar a placer los trabajos de unos cuantos autores.

Probablemente la obra más importante en cruzar la barrera este año es Love me do, la canción con que cuatro jóvenes de la ciudad inglesa de Liverpool se dieron a conocer al mundo. Los Beatles, aún desconocidos, publicaron su primer corte de difusión en 1962, como adelanto de su disco Please Please Me, que saldría al año siguiente.

Otros grupos que perdieron poder por sobre algunas de sus canciones son los Beach Boys –sus primeros temas como Surfin’ y Surfin’ USA–, algunos de The Supremes, el grupo del que saldría Diana Ross, y Stevie Wonder. En el caso de este artista, los temas de cuando todavía era un niño y llevaba un “Little” (pequeño en español) al principio de su nombre.

Sony, responsable de la obra de otro mítico de la década de 1960, Bob Dylan, tuvo precaución y publicó a fines del año pasado un compilado de rarezas del cantante aparecidas en 1962 y tituladas, sin ningún tipo de sutileza, The Copyright Extension Collection, Vol. 1 (La colección copyright extendida, volumen 1). Con esto, lo que logró fue saltarse el problema. Es una tendencia que continuará en Europa: a partir de 2014, los derechos se extenderán 20 años más, con motivo de preservar las regalías de la obra pop de esa década, la más revolucionaria y productiva del siglo XX.

Muchos de sus responsables todavía viven y dependen de los ingresos generados en ese tiempo. De esta manera, la obra de Dylan previa a este cambio también se preservará en el ámbito privado.

En la rama literaria de las artes, el plazo para que deje de surtir efecto la propiedad intelectual en Europa es de 70 años luego de la muerte del artista.

Este año pasan al dominio público la obra del argentino Roberto Arlt, autor de El jorobadito y El juguete rabioso, y la de la inglesa Virginia Woolf, creadora de, entre otras, La señora Dalloway. También los trabajos de los austríacos Robert Musil (El hombre sin atributos) y Stefan Zweig (Momentos estelares de la humanidad), y la francesa fallecida en Auschwitz Irène Némirovsky. Otro clásico mayor que vale destacar aunque entró en el dominio público en 2011 es El gran Gatsby, del estadounidense F. Scott Fitzgerald, junto con el resto de la obra de este escritor.

Esta situación solo se da en Europa, ya que en Estados Unidos los plazos se alargan constantemente. La organización Communia, que se encarga de impulsar el dominio público a nivel global, afirma en su página web que no hay ningún trabajo que pierda sus derechos de autor en la primera potencia mundial este año, algo que se ha repetido en los últimos tiempos.
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