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Por primera vez desde que comenzó su ofensiva el 8 de agosto y ahora con el apoyo de una treintena de países, Estados Unidos realizó ayer un bombardeo ofensivo sobre el grupo yihadista Estado Islámico (EI) cerca de Bagdad, la capital de Irak. Hasta ahora los occidentales habían atacado en defensa de misiones humanitarias o de ciudadanos de EEUU.

El lunes en París tuvo lugar la conferencia de aliados contra el EI y dos días después la aviación norteamericana pasó a los hechos con bombardeos hacia una posición de los extremistas en Sadr al Yusufiya, 25 kilómetros al sudoeste de la capital. De acuerdo con el Comando Central estadounidense encargado de Oriente Medio y Asia Central, el ataque fue con el objetivo de apoyar “la ofensiva del ejército iraquí contra los terroristas”.

El secretario de Defensa del país que coordina las acciones de asistencia al gobierno de Irak en su combate contra el extremismo –según lo han definido los 30 países aliados– brindó ayer una explicación sobre cómo serán los ataques contra el Estado Islámico. Según puntualizó Chuck Hagel en una comparecencia ante el Senado de su país, los bombardeos tendrán como blanco los “santuarios” de los yihadistas. “Esto abarca sus centros de comando, sus capacidades logísticas y sus infraestructuras”.

A su turno, el funcionario militar estadounidense de más alto rango, el general Martin Dempsey, advirtió que los bombardeos no se parecerán a los ataques a gran escala que acompañaron el inicio de la invasión de Irak en 2003, también liderada por EEUU. Esta campaña será “persistente y sostenida”.

Hasta el momento, esto es lo que está claro, mientras que otras tantas cuestiones relativas a los operativos están por definirse. Una de ellas es la inclusión o no de militares extranjeros sobre el terreno junto a las fuerzas iraquíes. Desde el comienzo, el presidente Barack Obama ha insistido en que no habrá “botas sobre el terreno”, pero sus jefes militares no terminan de rendirse. Ayer, de hecho, Dempsey declaró que, en caso de ser necesario, planteará al mandatario la conveniencia de incluir el envío de tropas.

Frente a la declaración de Obama de la semana pasada en el discurso a la nación (“no seremos arrastrados a otra guerra sobre el terreno en Irak”), Dempsey alegó que el mandatario le había solicitado que consultara con él “en cada caso”. Al día de hoy hay unos 1.600 militares estadounidenses desplegados en Irak en tareas de asesoramiento y protección de sus instalaciones y personal.

Hoy podría avanzarse en esta definición de la estrategia de EEUU, pues en la sede del Comando Central de EEUU en Tampa (Florida), Obama se reunirá con el máximo responsable militar de su país para Medio Oriente, Lloyd Austin, para afinar la estrategia contra los yihadistas. Hace pocas semanas el general recomendó al presidente –sin éxito– el despliegue de fuerzas especiales junto a las fuerzas iraquíes.

Pero la estrategia terminará de evaluarse y coordinarse recién la semana próxima en la Asamblea General de la ONU que se celebrará en Nueva York, donde el avance del EI será uno de los temas principales.

El secretario general del organismo, Ban Ki-moon, brindó ayer una conferencia de prensa previa a esta cumbre y se manifestó a favor de la cruzada encabezada por EEUU y, en concreto, saludó el “compromiso decidido y firme” del presidente estadounidense para combatir el terrorismo en Irak y Siria, “un enemigo común para la humanidad”.

El líder fue contundente en su espaldarazo a los aliados. No solo llamó a otros países a “actuar con decisión” contra la amenaza que plantea el grupo terrorista, sino que además comentó que los ataques aéreos lanzados en agosto y lo que va de setiembre por EEUU en Irak permitieron a la ONU y a otros actores “salvar muchas vidas” de civiles. Recordó que se hicieron a petición de las autoridades iraquíes, que siguen insistiendo en su pedido de apoyo a otras naciones.

El bando contrario crece

El bando contrario también perfecciona su estrategia para el combate y ayer dos importantes facciones de Al Qaeda mostraron su apoyo al Estado Islámico y pidieron a otros sumarse a los combates. “Convertid la unión de las naciones infieles contra vosotros en un motivo para que os unáis contra ellos”, expresaron en un comunicado conjunto los grupos Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) y Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), que amenazaron a los contrarios con “días negros”.

El hecho es significativo porque es la primera vez que una facción de Al Qaeda expresa su apoyo al EI después de que ambos grupos se separaran el año pasado.

Además, las facciones de Al Qaeda hicieron un llamado en los foros yihadistas a que las distintas organizaciones cesen los enfrentamientos entre ellas y “se unan contra la campaña estadounidense y de su aliado diabólico”.

Por ahora el Frente Al Nusra, que opera en Siria y también es yihadista, se mantiene en contra del EI. Los choques entre ambos causaron miles de muertos en los dos bandos y por eso las facciones que se manifestaron ayer clamaron por la unidad.

Contactado por la agencia EFE, el analista palestino Abdelbari Atúan consideró que el comunicado de las filiales de Al Qaeda demuestra que la prevista ofensiva contra el EI pueda devolver la unidad a la organización después de la escisión que sufrió en 2013. Agregó que, tras el inicio de los preparativos para esta ofensiva internacional, varios combatientes de grupos islamistas moderados que luchan en Siria empezaron a desertar de sus organizaciones para apoyar al EI.

El pasado 2 de julio, un dirigente de AQMI, identificado como Abu Abdalá Otman al Asimi, había expresado en un video difundido en varias páginas web yihadistas su apoyo al EI y aseguraba que “esperaba” que otros dirigentes de Al Qaeda se pronunciaran en el mismo sentido. (Basado en agencias).
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