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Dejó el alma, las piernas, el sudor, todo. Egidio Arévalo Ríos fue enorme el sábado en el Maracaná, en ese estadio que le dio tanta alegría a Uruguay en otros tiempos.

Su despliegue generoso en la mitad de la cancha (recorrió 9.920 metros), su ida y vuelta constante, las veces que se tiró a los pies de sus rivales –tres veces y ganó–, el esfuerzo titánico que hizo prácticamente solo en la marcación –recuperó cinco pelotas–, esta vez, no alcanzaron para una victoria que pudiera depositar a los celestes en un partido que hubiera sido memorable ante Brasil.

Egidio se juntó con el Tata González en la zona más complicada ante un rival como Colombia que maneja muy bien la pelota y los espacios.

Pero en esta ocasión, a diferencia de lo bien que había jugado el volante de Lazio contra Inglaterra, no repitió. Entonces lo de Egidio fue un doble esfuerzo y se notó porque por momentos, se encontraba un tanto solo para hacer su tarea.

Esta vez, el doble 5 no anduvo como quería Tabárez y lo bien que le había funcionado en los dos encuentros anteriores.

Sin embargo, Egidio fue un grande en el medio. Con los cambios logró un poco más de aire y supo manejarse con oficio.

Dejó su estela en Maracaná, pero no pudo contra todos.
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