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Estuvo muy bien. La 33 es un conjunto de salsa en serio, sólido, afiatado y auténtico. Empezaron a tocar cuando el sol terminaba de retirarse de escena, en una especie de anfiteatro natural al borde de la playa del Cerro, con gradas de pasto, piedra y arena. El público continuaba en una estela por la costa, incluida el agua. Un público que tomaba mate, en su gran mayoría, y también alguna cerveza y alguna caja de vino. Había una multitud de niños y las edades llegaban a la tercera con total naturalidad.

El escenario estaba rodeado de vehículos, sobre todo motos, pero también autos, bicicletas, carritos de bebé y hasta una Combi desde la que su propietario observó el show cómodamente instalado y tocado con un sombrero tejano. Había un aire de entrecasa en una escenografía natural espectacular, que formaba un ambiente encantador. No se veían policías uniformados por ningún lado y el clima era relajado y alegre. La temperatura era perfecta.

A las 9 y media en punto empezó el espectáculo de fondo, después de una hora y media de música y animación a cargo de Charlie Saco, que pasó música de la Borinken, Karibe con K, Denis Elías y también Rodrigo, Rada y hasta el hit brasileño del verano pasado, Ai si eu te pego.

Los colombianos, una docena de músicos en escena, con un sonido desenchufado, con la excepción de un teclado y guitarra, empezaron fuerte, haciendo sentir el calor de la salsa en estado puro, con el teclado y la percusión de base y los vientos, los coros y la voz líder en un primer plano.


Habría unas cinco mil personas, tal vez un poco más. Se veía bien de todos lados y también se escuchaba bien, excepto muy adelante, donde las cajas imponían un rigor exagerado. Dos grandes pantallas a los costados del escenario amplificaban la imagen de los músicos y del público, alternativamente, no siempre con un criterio entendible.

Al fondo del escenario, el grupo exhibía imágenes decorativas de video también con suerte variada.

La música era espléndida. Buena parte del público la bailaba con estilos diversos. Daba la impresión de que no había una gran familiaridad con el repertorio, salvo un pequeño grupo de colombianos que agitó toda la noche, con bandera y todo. A mitad de recital, empezó a sonar Pantera mambo, el primer hit del grupo, cuando se formó en 2001. Es una adaptación salsera de la célebre partitura de Henry Macini, que el grupo demoró para disfrute del público. "Ahora sí, buenas noches, doce años tocando la Pantera Mambo, doce años de carrera, primera vez en Montevideo" saludo el vocalista.

Las letras hablaban de amor, claro, y también de problemas sociales y más amor y de actitudes frente a la vida.

"La salsa nunca pasa de moda, esta salsa de todos nosotros" se escucha desde el escenario, y paradójicamente salían con una versión del tema Roxanne, que fue escuchada con respeto, aunque aquietó un poco al público.

El virtuiosismo de los instrumentistas se lució toda la noche, con duelos entre los vientos, y timbales y tumbas y teclado y coros. El que fue anunciado como el último tema resultó ser una suerte de salsa be bop con gran destaque del saxo.

También hubo un duelo vocal entre cantante y público y el espectáculo terminó a salsa pura y dura, como es muy difícil de escuchar por estas latitudes.

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