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Cerca de 60 gorros de lana, guantes, calzas y equipos largos debieron ser embarcados por la delegación. Consultas al departamento médico de la organización del torneo para saber si era necesario vacunar a los jugadores contra la gripe. Medidas de todo tipo para el cuidado y asesoramientos acerca de la temperatura ideal en el aire acondicionado del hotel. Y el ingenio popular. Todo para combatir el intenso frío. La selección uruguaya salió de Montevideo sin dejar nada librado al azar.

Según pudo conocer El Observador, Edgardo Di Mayo, el popular Minguta (utilero de la celeste) debió recurrir a más ropa de la habitual. Entonces trajeron camperones y buzos de abrigo en un número superior al normal. Cómo será el frío que algunos jugadores cortan los gorros y los transforman en bufandas.

A nivel sanitario tomaron previsiones. Ante los rumores de los casos de gripe A el médico Alberto Pan consultó y desde la organización le respondieron que no había epidemia sino casos aislados.

En consecuencia los jugadores no fueron vacunados y se tomaron las medidas normales para estos casos.

El frío castiga duro en esta zona de Argentina. Para colmo de males la selección entrena con la cordillera como marco con un inmenso pico nevado a un costado de la cancha del club Banco Mendoza, que está en zona descampada. Entonces se hace más duro.

El lunes de noche, media hora antes del partido los servicios meteorológicos anunciaban una temperatura de -3 ºC y el punto de rocío estaba establecido en -6° C.

Pese a ello los jugadores salieron a realizar el calentamiento previo al partido con short, y solo alguno de los suplentes lucía equipo largo. El golero Fernando Muslera saltó a la cancha con un pantalón más largo de lo habitual.

Pero los que sufrieron de verdad fueron los periodistas. A los uruguayos les tocó en un rincón en lo más alto de la tribuna oficial. Terrible. Ahí anda Goñi de boina, Kesman de gorra y bufanda, Yannuzzi tapado hasta los ojos, al profe Piñeyrúa apenas se le veían los lentes. La lucha contra el frío sigue. Para el segundo juego, el viernes con Chile en Mendoza, se anuncia que será peor. El estadio es una olla donde la helada cae a pleno.