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Los nervios ya en los días previos eran insostenibles. El esfuerzo por mantener el secreto de las leyendas y el lugar donde estaba guardada la bandera más grande del mundo parecía complicarse cada vez más. El miedo a posibles fallas por no haber podido desplegar con anterioridad la bandera en su totalidad crecía. Sin embargo, fue una fiesta.

El día comenzó muy temprano para decenas de hinchas que faltaron a su trabajo o a clases para acompañar el traslado del telón que demandó cuatro meses de creación y US$ 33.000. Desde las 10:00 horas había hinchas en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) –donde estaba la bandera- para hacer el traslado hacia el Centenario y acompañar al camión en una caravana. También estaba Washington Vega, encargado de la seguridad mirasol y personal de Bomberos, ultimando los detalles. Con cánticos de aliento y bombos, la espera se hizo más corta.

A las 12:00 horas comenzaron a cargar la bandera en el camión: demoraron más de 10 minutos. “Cómo pesa”, repetían varios hinchas. Cuando ingresó el último metro de tela al camión se desató la locura y los gritos de “es el glorioso Peñarol” se hacían sentir con fuerza. Unos 15 minutos después de haber comenzado a cargar la bandera, partieron rumbo al Centenario. Unos 50 autos acompañaron al camión gigante que trasladaba la bandera más grande del mundo. La llevaban como un trofeo.

La caravana fue emocionante. Si bien el camión no tenía nada que lo identificara con el conjunto carbonero, las camionetas, los autos y las motos llevaban banderas. Hasta un muchacho de un delivery, se bajó de su moto y en la parte de atrás –donde llevan los paquetes- sacó su camiseta de Peñarol para sumarse en la aventura. Los hinchas cantaron todo el trayecto: desde el kilómetro 25 de la Gianattassio hasta el Centenario. Resultaban imperdibles los rostros de aquellas personas que estaban en la calle y se quedaban atónitas observando esa manifestación de amor por la camiseta. Niños, obreros, y cuidacoches aprovechaban la oportunidad para gritar a favor de Peñarol.

También hubo excesos. La caravana pasó a prepo todos los semáforos en rojo. Algunos de los que viajaban en motos que lideraban la fila de autos, se bajaban en la esquina, se encargaban de cortar el tránsito y pasaban todos los que acompañaban la bandera. No había ni policías ni inspectores de tránsito.

La llegada al Centenario fue un espectáculo. “No pensé que iba a haber tanta gente”, confesó a Observa Víctor Bedrossian, uno de los ideólogos de la creación de la bandera. Y otra vez sonaron bien fuerte los cánticos de Peñarol. Después de algunos momentos de aliento, comenzó la organización para la descarga de la bandera. Con mucho cuidado la descendieron y la colocaron en la calle –estaba cortado el tránsito- y aguardaron para ingresarla. Los hinchas entraron con la bandera por la puerta 13 de la Olímpica y a las 14 horas ya había sido colocada.
Dejarla pronta para su despliegue llevó tiempo. El argentino Rudy Soria, pintor de la bandera, organizó todo. Fue acomodada primero en la Olímpica y después en la Ámsterdam y dos horas antes del comienzo del partido estaba todo listo. Igual, había dudas. La bandera sería desplegada en forma completa por primera vez cuando el equipo saliera a la cancha.

El momento fue imponente. La bandera, un espectáculo. Hasta los hinchas de Independiente quedaron helados en la Platea América observando al gigante. Las caras de los jugadores carboneros eran un poema. A pocos les importó el resultado. La bandera más grande del mundo estaba en el Centenario y su despliegue fue conmovedor.