ver más

Se llama Jean Plantureux, pero siguiendo la fiel tradición francesa de los dibujantes, acortó su apellido a Plantu. Lo mismo había hecho el asesinado Stephane Charbonnier, editor de la revista Charlie Hebdo, había acortado el suyo a Charb.

Plantu tiene 64 años y desde hace 43 dibuja viñetas y tiras cómicas para varios medios de su país, principalmente para el diario Le Monde, un medio asociado a la izquierda moderada de Francia.

Llegó a Montevideo en el marco de la Semana de la Francofonía y dice que vino “a aprender”. Ya ha visitado a varios dibujantes de prensa uruguayos y aprecia las diferencias con lo que ve en Europa. “Aquí hay más frescura”, afirma.

Luego del 7 de enero de 2015, el día en que dos integrsitas islámicos realizaron un ataque terrorista a la redacción de Charlie Hebdo, un dibujante de caricaturas francés se volvió casi un objeto fetiche en el mundo. Es un representante de una forma de creatividad que corre riesgo de vida a cada instante, un periodista que de pronto quedó atrapado en la primera línea de fuego.

Pero este hombre de mirada transparente, ojos claros y lacio pelo canoso tiene una historia y una carrera detrás, más allá del foco que la violencia y la muerte puso sobre el grupo laboral al que pertenece.

Desde sus inicios entendió que una buena base para su trabajo era respetar y tratar de entender al otro, al que no piensa como uno. Por ejemplo, en medio de los fragores del mayo del ‘68, abogó por los derechos de un caricaturista de derecha del diario Le Figaro, al que sistemáticamente lo censuraban sus colegas. Respetaba la movilización social, pero no la violencia física ni intelectual. “Siempre traté de tender puentes con la gente que no pensaba como yo”, dice Plantu.

Comenzó a dibujar para Le Monde en 1972, en uno de los momentos más álgidos de la guerra de Vietnam. Plantu dibujó entonces con un trazo vivaz una paloma de la paz que llevaba en el pico una signo de interrogación. Allí plantó su bandera: la sutileza.

A pesar del paso del tiempo, hay constantes que se mantienen, como sus principios y sus ideas, pero no siempre atacando con el dedo mayor erguido y con la dinamita en el trazo.

Política y religión

Plantu fue un poco oveja negra dentro de los dibujantes de izquierda. Criticó los ataques antiisraelíes en París, cuando sus colegas defendían a rajatabla a los palestinos.

Y no por esto se privó de burlarse del poder político y religioso. Dibujó una viñeta sobre el verano en Kabul, capital de Afganistán, donde una mujer desnuda pero con velo que se le ofrecía a un hombre encapuchado y armado con una metralleta, mientras le decía: “¡Comprame un ventilador, estúpido!”. Dibujó a dos cardenales saliendo de la votación para elegir al papa. Uno dudaba si su voto había sido correcto. “Sí, mi mujer me dice lo mismo”, le responde el otro.

No es miedo ni autocensura. Es una actitud. “No quiero el lugar del que se está burlando de todo el mundo todo el tiempo y le mete el dedo en el culo la poder”, dice Plantu.

“Yo intenté prevenir a mis colegas de que en el mundo hay unos mil millones de musulmanes que no entienden el humor de una viñeta que consideran ofensiva”, agrega.

En este sentido, sus palabras críticas se dirigen al estilo de algunos dibujantes, como los de Charlie Hebdo.

“Podemos trabajar sin dejar afuera nada de lo esencial de nuestros lápices. No abandonar nada de nuestras opiniones ni convicciones, siendo más vivos e inteligentes que los hombres que están en la esquina esperándonos con un (rifle) Kalashnikov”, responde ante la actitud de dibujar burlas sobre Mahoma .

Es interesante entender que, dentro de la larga tradición francesa de los dibujos satíricos políticos, iniciada con Honoré Daumier en 1830 dibujando al rey Luis Felipe de Francia con la cara como una pera, existen varias corrientes. Charlie Hebdo representa una de ellas. Plantu, que respeta la libertad y la creativa de la revista atacada, está en otro sector de la misma vereda.

“Los dibujantes de Charlie Hebdo son artistas y hay leyes en Francia que los protegen. Yo respeto las elecciones que toman y no tengo nada que decir de lo que publican. Pero yo tengo otra propuesta: ser más vivos, sin dejar pasar nada de lo esencial”, arguye.

Por la paz

En 2006, junto con el entonces secretario general de las Naciones Unidas, Koffee Anan, crearon la asociación Cartoonist for Peace, un grupo de dibujantes de diferentes religiones que promueven el diálogo a través de las viñetas, cuando se declararon fatwas contra los dibujantes daneses.

En la década de 1980 se burlaban de Plantu porque decían que era un dibujante “tercermundista”, porque hacía dibujos sobre el hambre y la pobreza en África. “Yo reivindicaba ese lado ‘tercermundista’. No entendía que en los 80 no hubiera un terrorismo negro, porque los saqueamos, los robamos, los matamos y no reaccionaban. Por desgracia ahora sí hay terrorismo negro”, agrega el dibujante.

Plantu busca una comprensión de la complejidad del espacio mediterráneo con encuentros con dibujantes de esos países para incentivar el diálogo y el humor. En este marco, en 2004 consiguió que Yasser Arafat y Shimon Pérez firmaran un dibujo suyo con la bandera palestina surcada con una estrella de David. Pero cree que Europa está intelectualmente dormida y no entiende las reacciones de enojo de los musulmanes.

Desde los atentados, la vida diaria de Plantu ha variado. Tenía guardia personal y vigilancia. Pero considera que todo eso es exterior.

“Por dentro no cambió nada. El lápiz con el que dibujo dice lo que siento en las tripas”, concluye el dibujante con seriedad, sin sonreír en ningún momento. l