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El minucioso arte de cortar las hojas de un libro con una tijera y un cutter, haciendo surgir de esos trozos de papel una escultura que no parecía estar antes allí, es algo que la diseñadora y artista británica Su Blackwell empezó a hacer luego de un viaje a Tailandia, donde compró un libro de segunda mano que, más allá de la pasión que le generó su lectura, despertó en ella su vocación por esta técnica nada sencilla pero sí muy creativa.

“Mi primer libro-escultura fue El americano impasible, de Graham Greene. Corté las polillas del libro con un cuchillo artesanal y allí surgió todo. La pieza fue inspirada en una leyenda china acerca de dos amantes cuyas almas resurgen de las cenizas quemadas en la forma de dos polillas. Comencé a trabajar con papel debido a su conexión con los rituales espirituales que he encontrado en el sudeste de Asia, y esto a su vez me llevó a trabajar con libros y cuentos de hadas”, señala Blackwell en su sitio web (www.sublackwell.co.uk), en el que puede verse un inusual portfolio de trabajos que hizo para Volvo, Kenzo, Beringer Wines y Cartier, entre otros.

Entre los libros preferidos que Blackwell primero destruye para luego crear –no sin antes haberlos leído al menos dos veces– están los de cuentos de hadas, como Alicia en el país de las maravillas, Caperucita Roja y El jardín secreto, entre otros, a los que increíblemente transforma en fantásticas formas tridimensionales.

“Desde su invención el papel se ha utilizado para la comunicación, ya sea entre los seres humanos o en un intento de comunicarse con el mundo espiritual. Yo empleo este medio delicado para reflexionar sobre la precariedad del mundo en que vivimos y la fragilidad de nuestra vida, sueños y ambiciones”, sostiene la artista, quien confiesa que al hacer estas esculturas en libros siente una melancolía tranquila.

Perfil de una joven manos de tijera

“Nací en Sheffield en 1975. Mi madre era una enfermera y mi padre un técnico de gas. De niña pasé mucho tiempo jugando en el bosque cerca de mi casa, en mi propio mundo de fantasía (…) No me gustaba mucho la escuela, a excepción de mis clases de inglés, donde me gustaba escribir historias dejando que mi imaginación volara libremente. He disfrutado también del curso de arte en la escuela, pero no me gustaba la forma en que se enseñaba. Era demasiado didáctica. Yo flotaba fuera de la escuela, sin saber qué hacer a continuación (…) Por casualidad, me encontré con un curso de textiles y empecé a sentir pasión. El curso textil me convenía y alimentó mi curiosidad por la textura y materiales, así que me fui a estudiar textiles en Bradford College y luego, un año más tarde, una maestría en textiles en el Royal College of Art de Londres (…) Desde que dejé la universidad trabajé como artista en residencia en la escuela en Escocia y empecé a tener exhibiciones de manera independiente en Londres en 2006 y mi trabajo comenzó a tener más ampliamente visto”.