El dilema de gastar menos de la cuenta
El problema no son las administraciones que gastan mucho, sino aquellas que logran poco
Pensemos en Uruguay como una gran familia compuesta por varias generaciones, que viven en una misma casa y llevan adelante un negocio familiar. Detengámonos en su planificación financiera. Haciendo las cuentas, la familia descubre que llegó a fin de mes menos exigida de lo que esperaba. Pretendía endeudarse mucho y al final, con un pequeño préstamo, le fue suficiente. Entonces empiezan las discusiones:
El gobierno esperaba un déficit fiscal de 1,5% para el cierre del año y diciembre le sorprendió con un desequilibrio de 0,8%. Las autoridades anunciaron que echarán mano a los US$ 140 millones generados por un aumento de los ingresos por encima de lo previsto. El gobierno dice “nos endeudamos menos de lo esperado” y ese dinero debe ser empleado. Mejorar la educación de los niños es una tarea fundamental para perpetuar el bienestar de la familia, de cara a las próximas generaciones. Una buena atención de la salud y una alimentación adecuada les permitirá desarrollarse de forma plena. También hay que invertir, porque todos los integrantes aspiran a que el negocio familiar crezca. Hay tanto por hacer y tan poco dinero...
Pero no todos piensan así. Una vez conocida la intención de las autoridades, algunos economistas pusieron el grito en el cielo. “Mientras que haya un déficit fiscal, no sobra el dinero”. La familia se endeuda menos, sí. Pero no está ahorrando. ¿Qué pasaría si de un momento a otro se enferma uno de los integrantes y hay que cubrir un costoso tratamiento? ¿Con qué recursos se mantendría si el invierno económico lleva a los clientes del negocio a apretarse el cinturón? Para eso es necesario cancelar las deudas y armar un colchón de reservas que le permitan superar cualquier eventualidad.
Pero al final de cuentas... ¿Hay que gastar o no hay que gastar? ¿Siempre es malo el endeudamiento? Quizá invirtiendo hoy en su negocio, la familia pueda obtener más ingresos mañana, mayores que la tasa de interés que pagará todos los meses. Se trata de que los beneficios superen los costos y los riesgos asumidos.
A veces los economistas pecan de excesos. Lo que es tan evidente en una familia, una empresa o un portafolio de inversiones, a veces se pierde de vista al pensar en un Estado. El endeudamiento no es un enemigo sino un aliado insustituible a la hora de atender necesidades con recursos limitados. Pero exige responsabilidad.
Tan importante como el monto a gastar es saber a qué estará destinado y cuáles son los resultados que se esperan. En ese sentido, no es una buena señal que las autoridades dispongan primero de los recursos y después piensen en qué utilizarlos. Pero tampoco hay que temerle de forma dogmática al déficit fiscal. El problema no son las administraciones que gastan mucho, sino aquellas que logran poco.