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No tienen la expresividad del Gato con Botas, ni los movimientos de kung fu de Po ni la espectacularidad de las secuencias de Ratatouille. Los personajes de Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe, ganan en el encanto de lo artesanal, del muñeco que cobra vida para protagonizar una historia donde la bondad triunfa sobre la venganza.

“Me importa más transmitir valores y comunicar, antes que el deslumbre técnico de la animación”, dice Walter Tournier, director de la película que hoy, con su estreno en las salas comerciales, se convertirá en el primer largometraje animado de su carrera y de la historia del cine nacional.

Cualquiera que alguna vez haya terminado su jornada con Los Tatitos sabe que las creaciones de Tournier son sinónimo de simpatía e inocencia. Por eso, aunque los personajes de Selkirk sean piratas de finales del siglo XVII capaces de traicionar y matar por un tesoro, lo que termina encontrando el protagonista, Alexander Selkirk, es el valor de otra riqueza.

Para Tournier poco importa que la generación a la que está dirigida esta película haya crecido con animaciones cinematográficas y televisivas de primer nivel, o que jamás hayan visto el video de Yo quiero de Rubén Rada sobre los derechos de los niños.

“Creo que ellos no distinguen entre las técnicas. Lo que más les atrapa es qué se está diciendo y cómo es la personalidad de los personajes”, dice. En particular, agrega, el crecimiento personal que vive el futuro Robinson Crusoe gracias a su vínculo con la naturaleza.

De conquistas
Como es tradicional en este director uruguayo, la técnica con que rodó Selkirk es la del stop motion, donde los personajes son muñecos de silicona (no de plasticina esta vez) que se mueven cuadro por cuadro en escenografías armadas en proporción a ellos.

No obstante, esta vez Tournier integró la animación en 3D para hacer los paisajes y efectos especiales, lo que se diseñó en Chile. La combinación le da más realismo a elementos como el agua y fuego, pero en algunas oportunidades la mezcla no es del todo exitosa y los personajes parecen flotar sobre el suelo.

Además de los equipos en Uruguay y Chile, también se trabajó en Argentina, lo que totalizó más de 100 personas alrededor de un proyecto con un presupuesto de US$ 1,25 millones. Aunque el monto es uno de los más elevados para el cine nacional, una animación que usa la misma técnica como es Pollitos en fuga de la compañía británica Aardman, costó casi 40 veces más que Selkirk.

Si bien Tournier disfruta de ver cine, dice mirar pocas animaciones y no tener maestros. De hecho, con la película intenta tirar algunos clichés de Hollywood, como el del romance entre los protagonistas. En este caso son Selkirk y la única mujer de la película, la cocinera Gertrudis. “Me parece importante marcar que puede existir la amistad y no solo el amor entre dos sexos opuestos. Hubo cierta insistencia de algunos productores porque iba a ser más taquillero, pero nos pusimos firmes”, cuenta.

Donde Tournier no se puso tan firme fue en permitir eructos, escupidas y otras “cuestiones asquerosas”, que intenta “no incentivarlas”, aunque reconoce que es de lo que más divierte a los niños, dice.

En lo que Selkirk se queda atrás es en no incluir en su guión de forma sistemática dos niveles de lectura, uno para chicos y otro para grandes, algo a lo que Pixar acostumbró al público. Hay un par de chistes para adultos muy disfrutables que requieren de oído musical.

Sobre la banda sonora, la murga Para ser un pirata, que cuenta con la participación de Edu “Pitufo” Lombardo, ya se postula como un éxito entre los más chicos.

"Los muñecos no se mueven solos pero existen"

Después de dos años de rodaje, ¿qué siente en la previa al estreno?

Estoy contento porque hubo momentos en que pensé que no llegaría a terminarla. Fue un proceso extenuante, de un compromiso grande con mucha gente y dinero, donde la responsabilidad recaía sobre mí. Rodearme de un buen equipo fue lo que hizo posible que Selkirk saliera. Por supuesto que cuando uno termina, siente que podría haberlo hecho mejor, pero como decía (Francis Ford) Coppola: las películas no se terminan, se abandonan.

Al rodar Selkirk, ¿qué fue lo más desafiante desde el punto de vista técnico?
Conseguir los materiales para poder trabajar. Teníamos que adaptar cosas o traerlas del exterior, como la silicona para hacer los muñecos o tornillos de dos milímetros para los esqueletos. El resto se solucionaba con trabajo, capacidad y ganas.

¿Qué tanto tiene de director y cuánto de artesano?
Cuando no hacía animación, vivía de la artesanía, de arreglar muebles, de restaurar antigüedades. Ese es mi origen. Desde chico trabajé con las manos y eso fue lo que me metió en la técnica del stop motion. He hecho todo y por eso dirijo las distintas etapas, desde la construcción de los muñecos hasta la animación.

¿Le gustaría dirigir una animación digital?
No me entusiasma mucho, prefiero seguir trabajando en esta técnica. Por esa cuestión de artesano, tengo que sentir el volumen. En la computadora puedo armar, pero no lo siento. Prefiero sacarle una foto a algo real. Ahí está el encanto del stop motion, por qué atrae a la gente: los muñecos no se mueven solos, pero existen. En la animación, viven solo en la computadora.

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