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Seguramente habrá que escarbar mucho en la memoria y en la historia para encontrar un partido tan pobre, tan tenebroso desde el punto de vista futbolístico.

Cuesta creer que Danubio –al cual el lunes le darán dos puntos que dejó por el camino ante Racing y que puede aún subirse a la punta del Apertura– haya jugado tan mal, tan rematadamente mal.

Se habla de un factible líder del certamen y que su primer tiro al arco (y único) fue faltando 7 minutos, un tirito de Luis Martínez. Cuesta creer que no haya generado ni una sola situación de gol en 90 minutos. Pero es verdad.

River tampoco mostró nada en uno de los peores partidos de los últimos tiempos. Pero, por lo menos, de los dos, fue el que más intentó, el que erró un penal, y el que creó alguna chance ante el buen desempeño del arquero Goicoechea.

Lo que mostraron ambos equipos fue una afrenta al fútbol. Le dieron la espalda.

Es más. Se puede decir –como le decía un veterano hincha danubiano a su nieto cuando se retiraban de Jardines– que el sábado Danubio ganó un punto.

Porque además de ese penal que atajó muy bien Goicoechea a Pablo Olivera a los 14 minutos, jugó los últimos 14 con un hombre de menos por la expulsión de Gastón Bueno y, además, a los 86, en la hora, Taborda erró un gol imposible. Pero el sábado, no entraba ni aunque se esmeraran.

Danubio no generó juego y allí estuvo su deuda. Ni el botija Sebastián Píriz, ni Tais por derecha o Mayada por izquierda supieron hacer pie y la pelota ni le llegó a Falucho Silva y Mello. Así es muy difícil jugar.

River mostraba la dinámica de Danilo Pires en el medio, la fuerza de Hamilton Pereira y la defensa bien parada con Christian González, Cabrera y Prieto.

Pero no les alcanzó a ninguno de los dos. Deberían haber perdido ambos, pero, aunque le costó caro a Danubio –porque dejó dos unidades trascendentes– se puede decir que igualmente ganó un punto.