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En tiempos donde el rating se mide por minuto y la competencia es feroz, las series son vistas como inversiones. O como pérdidas. Es así que proyectos prometedores como Flashforward o Alcatraz no llegaron a sus segundas temporadas pues la audiencia y la recaudación estuvieron lejos de lo esperado. En el modelo de negocios televisivo actual, las buenas intenciones no son suficientes.

Durante 8 años, Desperate Housewives y House M.D., emitidas en Uruguay por los canales de cable Sony y Universal, respectivamente, lograron subsistir a este sistema exitista. Basados en personajes carismáticos y complejos, sumidos en situaciones atrapantes, ambas series consiguieron llegar a la season finale por decisión propia y no de las calculadoras.

Mujeres independientes

Cuando Desperate Housewives se estrenó en 2004, el éxito fue inmediato. La historia se centraba en cuatro mujeres de los suburbios estadounidenses: la inocente Susan Mayer (Teri Hatcher), la impetuosa Lynette Scavo (Felicity Huffman), la siempre perfecta Bree Van De Kamp (Marcia Cross) y la sensual Gabrielle Solís (Eva Longoria).

En un principio, el factor aglutinante de estas cuatro mujeres es el misterioso suicidio de su amiga y vecina de la calle Wisteria Lane, Mary Alice Young (Brenda Strong). Es ella la encargada de narrar las muertes, engaños, locuras y lealtades que se suceden a lo largo de los vertiginosos 181 capítulos.

Esa voz en off fue una de las innovaciones de la serie dirigida por Marc Cherry y ganadora de tres Globos de Oro.

La serie también introdujo un recurso que, aunque Lost haya sido su máximo exponente, Desperate Housewives supo ostentar con soltura: la dosificación constante de misterio y los numerosos giros argumentales.

Sin embargo, el mayor éxito de esta serie que llegó a tener varias adaptaciones como la mediocre versión argentina, fue hacer una comedia dramática protagonizada por mujeres de más de 35 años. Susan, Lynette, Bree y Gabrielle eran sensuales, trabajadoras, madres y esposas, pero sobre todo, eran capaces de llegar al límite de la moral (y cruzarlo) por sus familias y amigas.

La combinación fue irresistible y dejó una marca visible en posteriores series televisivas como Grey’s Anatomy.

El médico cínico

“Todo el mundo miente”, es la frase de cabecera del genial y destructivo doctor especialista en diagnósticos Gregory House (Hugh Laurie). El nombre del capítulo final de House M.D. es un oscuro parafraseo de esta máxima: “Todo el mundo muere”.

A diferencia de otras series que decaen tras la pérdida de algunos de sus protagonistas, el programa dirigido por David Shore resistió numerosos cambios de elenco. La partida más difícil de asimilar fue la de la directora del Hospital Princeton-Plainsboro y único amor de House, Lisa Cuddy (Lisa Edelstein). Pero aún así, la serie mantuvo su ácido y muchas veces incorrecto sentido del humor.

La clave de este éxito tiene un nombre: House. Inspirado en Sherlock Holmes, Laurie dio vida a un personaje tan cínico como querible, que atrapaba sin importar qué otros personajes estuvieran a su alrededor. De ahí que el propio británico, obligado a hablar como estadounidense para el programa, haya ganado dos Globos de Oro como mejor Actor de Televisión en Serie Dramática.

La serie demostró que vale la pena construir personajes complejos, que busquen la identificación con el público a través del lado oscuro, difíciles de digerir pero también de abandonar.

En Estados Unidos, Desperate Housewives terminó el domingo pasado y House M.D. tendrá su final el lunes próximo. Son días de tristes despedidas para la televisión.
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