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El gobierno de los Estados Unidos ordenó salir de Haití a su personal diplomático “no esencial” y a sus familiares, debido a la creciente inseguridad provocada por el accionar de las pandillas que se disputan el control de diversas zonas del país.

El Departamento de Estado decidió “la salida de los familiares de los empleados gubernamentales y del personal no esencial”, señaló en un comunicado emitido durante la noche del jueves, en el que se pide a los estadounidenses que abandonen el país “cuanto antes”.

La decisión adoptada por Washington sigue al consejo dado a sus ciudadanos para que se abstengan de viajar al país caribeño, debido a los riesgos de “secuestro, crimen, disturbios civiles” y a la “deficiente infraestructura del sistema de salud”.

Aunque la información no especifica cuántas personas se ven afectadas o están en riesgo, el gobierno estadounidense advirtió que cuenta con una “capacidad extremadamente limitada” para ayudar a sus ciudadanos sin son víctimas de la violencia.

Por lo pronto, el personal de la embajada de los Estados Unidos en la capital haitiana, Puerto Príncipe, vive bajo fuertes condiciones de seguridad, confinado en un área protegida y tiene prohibido desplazarse a pie por la ciudad o usar transporte, tanto público como taxis.

Washington emitió la señal de alerta días después que la Policía haitiana dispersara con gases lacrimógenos a decenas de familias que se habían refugiado frente a la sede diplomática de los Estados Unidos en un intento desesperado por huir de la violencia.

El país más pobre de América latina se encuentra en medio de una escalada de violencia en todo su territorio, con zonas prácticamente bajo control de las bandas armadas, un escenario de ataques y secuestros diarios que desde principios de año dejó más de 1.400 personas muertas, según Naciones Unidas (ONU).

La crisis generalizada se vio agravada por el colapso económico, los recurrentes brotes de cólera y la crisis política desde el magnicidio del presidente Jovenel Moise en julio de 2021, por lo que el número de personas necesitadas de ayuda humanitaria se duplicó en los últimos cinco años.

La violencia de las bandas, que controlan casi el 80% de la capital, se agudiza con la presencia de francotiradores, así como por violaciones, secuestros y asesinatos, situación que derivó en insistentes pedidos por parte del secretario general de la ONU, António Guterres, para el envío de una fuerza de intervención multinacional.

Pese a su insistencia, la comunidad internacional sigue sin enviar una fuerza para luchar contra la violencia. “Hay razones sólidas para desplegarla, pero sería una misión muy arriesgada”, explicó Richard Gowan, del Grupo Internacional de Crisis. “Muchos miembros de la ONU temen quedar atrapados en un avispero”, agregó el analista.

Aunque ya en octubre del año pasado Guterres anunció que el primer ministro haitiano, Ariel Henry, había solicitado el envío de la fuerza, ningún país parece dispuesto a asumir el liderazgo: ni los Estados Unidos, con su largo historial de intervenciones en el país; ni Canadá, que llegó a estudiar la posibilidad; ni Brasil, país al que Washington procuró sumar a la iniciativa.

Pese a la urgencia, los países “tiene miedo de las bandas, de enfrentarlas con fuerzas armadas”, resume Walter Dorn, profesor del Colegio Militar Real de Canadá. También temen por posibles bajas en sus filas y por los daños colaterales que provocaría reducirlas en las zonas urbanas.

Según algunos cálculos, se necesitarían al menos unos 5.000 soldados y otros tantos policías, como en el punto álgido de la MINUSTAH, la fuerza de mantenimiento de la paz de la ONU que estuvo en Haití desde 2004 a 2017.

Además, las experiencias pasadas dejaron un gusto amargo entre la población haitiana, en particular por los 10.000 muertos que ocasionó la epidemia de cólera que llevaron al país los cascos azules que integraron la MINUSTAH.

Por lo pronto, el regreso a Haití de una forma tradicional de mantenimiento de la paz es improbable y, en cualquier caso, debería tener la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, ámbito en el que China se muestra escéptica, ya que insiste en la necesidad de cortar el creciente tráfico de armas desde el estado de Florida, en el sur de los Estados Unidos.

(Con información de AFP)

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