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Entradas agotadas desde hace 15 días, una fila kilométrica entrando a paso de tortuga, mucha gente en las canteras, apretada contra el alambrado en un intento de ver algo del show: todo parecía indicar que en el Teatro de Verano se presentaba una banda de rock local de peso, o quizá un artista internacional. Pero no. En la noche de ayer, en un suceso inédito, el teatro se colmó para ver a Denis Elías, uno de los mayores exponentes de la música tropical uruguaya de hoy.

En las afueras se vendían vinchas y fotos del cantante, mientras gente de todas las edades se acomodaba en las gradas. Estaban desde Roberto, un hombre impecablemente vestido de 78 años, que afirma que Elías “canta muy bien”, hasta Rodrigo, un niño de 3, que aplaude y baila hasta que cae dormido en brazos de su madre.

Luego de una rápida pero bien aceitada presentación de murga de los teloneros rupo Estamos rodeados, comenzaron los cánticos llamando al “Príncipe”. Hacia las 10 de la noche, y recibiendo los gritos desaforados de todo el teatro como contestación, se escuchó un “¿Están ahí?” de Elías, que entró de traje, bajo una lluvia de papeles brillantes, para cantar Aún soy tu dueño, junto con toda la gente.

Elías no se amedrentó ante la enorme cantidad de público, sino que sacó su chapa de showman. Luego de recorrer otros éxitos como Eres tan bella y Dos días, el cantante interactuó con la gente: pidió agua sin gas al público y una chica corrió a servirle desde abajo del escenario, leyó en voz alta pancartas dedicadas a él e incluso se sentó con una guitarra a cantar una canción que uno de esos carteles le pedía.

Entre baladas y temas bailables a los que las gradas respondían con un nivel de gritos generalmente reservado para los artistas adolescentes, el cantante repartió rosas, pósters y besos entre el público y recibió montones de peluches y hasta un cuadro en que estaban representados él y la chica que se lo regaló. Elías se veía visiblemente extasiado con las muestras de cariño. Agradeció varias veces al público por haberlo llevado “a donde no llegan muchos”. “Sin ustedes no sería el número uno nunca”, dijo a la gente.

El concierto tuvo de todo, incluido un emotivo momento en que subió su tío para cantar un par de canciones de cuando Elías era niño. Pero llegó un punto en que la gente empezó a impacientarse, luego de unos cuantos lentos y pausas para regalos. “El Príncipe” se dio cuenta a tiempo y terminó con una seguidilla que levantó a bailar una vez más al público: Desesperadamente tuyo, Difícil de olvidar, Totalmente enamorado y Horas vacías, esta última tal vez la que tuvo más “agite” de parte de la gente, gritando al unísono el “¡Plena!” del comienzo de la canción.

El cierre con Esperando por vos fue por todo lo alto, con Elías levantando los brazos al cielo y dejando que las tribunas completaran la letra, en un momento consagratorio. Con la camiseta de Cerro, su barrio, volvió para los bises con No eres para mí y, otra vez, Aún soy tu dueño.

“¿El año que viene lo hacemos acá o en el Estadio?”, preguntó, y recibió un rugido aprobatorio de parte de un público amplio que lo ha llevado hasta alturas increíbles para un músico tropical que lo ha convertido, en sus palabras, en “campeón del mundo”. Bajo una explosión de papeles, Denis Elías se fue tirando besos, soñando con un 2013 aun más grande. ¿Será?

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