Del gin-tonic que tomaban los ingleses como aperitivo a su eclosión actual en España ha habido tal proliferación de gins y tónicas que resulta prácticamente imposible no encontrar una combinación que se adecúe a cada gusto.
Del gin-tonic que tomaban los ingleses como aperitivo a su eclosión actual en España ha habido tal proliferación de gins y tónicas que resulta prácticamente imposible no encontrar una combinación que se adecúe a cada gusto.
Esas elaboraciones “tan meticulosas” son “una continuación de la alta gastronomía”, aunque admite que, “igual que hay lugares donde se come bien y otros donde se come mal”, en muchos bares los clientes continúan padeciendo “elaboraciones muy rústicas de gin, tónica y una rodaja de limón en cantidades desproporcionadas” y en el denostado vaso de tubo.
Los dos ingredientes básicos del combinado nacieron con fines medicinales. De la ginebra se dice que fue creada por unos monjes holandeses para prevenir la peste bubónica, aunque otra teoría la atribuye al científico alemán Franz de Le Boe y su interés por combatir las piedras del riñón.
Sea como fuere, se extendió por Europa y en 1750 una quinta parte de las casas de Londres se convirtió en punto de venta de lo que llamaron gin.
Curiosamente, aunque en la actualidad Estados Unidos e Inglaterra siguen siendo los principales productores de gin, quienes más lo consumen son los filipinos, seguidos por los españoles.
Siga la tónica
Por su parte, la tónica es hija de Johann Jacob Scheppes, quien combinó soda carbonatada con quinina en 1783 como jarabe contra el paludismo.
Y fueron los soldados del Ejército Imperial Británico quienes empezaron a mezclarlas para combatir la malaria y, de paso, celebrar sus victorias. El gin, bebida de las clases populares en el siglo XVII, fue ascendiendo socialmente gracias a su alianza con la tónica.
Pero el gin-tonic vive ahora su momento en España, con proliferación de marcas, bares y múltiples aplicaciones para dispositivos móviles que ayudan a elaborarlo. No obstante, es necesario cuidar todos los detalles para disfrutarlo plenamente, defiende Vallés, quien sugiere variar las combinaciones para tomarlo como aperitivo, después de comer, a media tarde o por la noche.
El de aperitivo sería más cítrico, con cierto toque dulzón para el postre, fresco y afrutado a media tarde y con un sabor más intenso y seco por la noche.
Este experto también destaca “la importancia del hielo” en esta bebida, ya que debe ser del tipo que “no se derrite y es cristalino”, si bien por su elevado coste se puede sustituir por “el de las gasolineras (vogt), de entre 50 y 60 gramos el cubito, y emplear unos cuatro o cinco”.
Además, debe cuidarse la preservación de la burbuja de la tónica, la temperatura de la ginebra -se recomienda guardarla en la heladera- y, pese a lo extendido de la costumbre, nunca añadir zumos de cítricos, sino sólo los aromas y aceites esenciales que contiene su corteza y que se logran retorciendo ligeramente un trozo de la misma.
Utensilios imprescindibles son, asegura, la copa de balón con una capacidad de entre 60 y 70 centilitros, un medidor para el gin –nunca se deben sobrepasar los 5 centilitros– una cuchara rizada para ayudar a verter la tónica –20 centilitros–, un rallador y unas pinzas para la piel de los cítricos.
El resultado ya sólo dependerá de la calidad de los ingredientes seleccionados y del acierto en sus combinaciones. (EFE)