Los padres suelen destacar de sus hijos las gracias que pueden realizar cuando son muy pequeños. La de Santiago Urrutia, a sus tres años, era andar en una moto miniatura a la que tenían que subirlo porque sus pies no tocaban el piso. Carlos y Claudia, sus padres, nunca se imaginaron que eso llegaría a ser mucho más que una anécdota en las posteriores reuniones familiares y que se transformaría en una parte muy importante de sus vidas.
El ingrediente secreto de Urrutia
Con un instinto competitivo que se despertó con apenas tres años en una carrera de motos, Santiago Urrutia avanza en el mundo de los fierros impulsado por una fórmula tan poderosa como sencilla: su mentalidad ganadora