Lo de Danubio fue un espejismo. O un partido donde Peñarol jugó como más le conviene: arropado en el fondo y saliendo rápido de contragolpe. Pero hay pocos encuentros a nivel local donde el aurinegro puede jugar de esa forma. Porque ante la mayoría de sus rivales –como Rentistas– Peñarol tiene que atacar, proponer. Y esa carga se transforma en sufrimiento y suplicio. En un karma.
El karma de proponer
Peñarol se siente cómodo esperando para jugar de contragolpe, como ante Danubio; cuando tiene que salir a atacar, como ante Rentistas, se condena a sufrir