El liceo, la seccional y el calefón
Autoridades del 16 denuncian a una periodista pero obvian cosas más graves
Decididos a hacerle un poco de caso al presidente José Mujica en su consejo acerca de que se hagan menos notas policiales y más artículos de otros temas importantes, resolvimos enfocarnos en la educación. No imaginábamos que ir a un liceo podía ser el camino más corto hacia una seccional policial.
Uno de los temas del momento que los medios enfocan (¿por qué será tema del momento si hace 10 años que está en la agenda?) son los 130 centros de estudios que tienen problemas edilicios y que han generado clausuras y pérdidas de clase porque los gremios docentes han hecho paros y protestas.
Como el Consejo de Secundaria se ve que no toma demasiado nota de lo que Mujica dice, negó a El Observador la entrada a los liceos para registrar lo que todo el mundo ya sabe: que están destrozados.
Entonces decidimos ir a registrar sin autorización, aunque, claro, estaba el tema de la seguridad que, se supone, debe haber en los liceos para que ningún extraño entre a ellos.
Pero una periodista del diario fue y entró, no a uno sino a cuatro liceos, sin que nadie la detuviera. Podía haber llevado consigo, por ejemplo, un arma, pero solo portaba una cámara de video.
Algunas de las tomas que registró aparecen en la página anterior y en la página web del diario. Pero en uno de los liceos, el 16 del Prado, fue descubierta por un funcionario en el momento en que grababa dentro de un baño en el que la puerta necesita un soplo para caerse.
La periodista se identificó como tal y accedió al pedido del funcionario para que se retirase del local.
Al día siguiente, es decir ayer de mañana, un abogado de Secundaria llamó a la redacción del diario anunciando que haría una denuncia porque no podía ser que una extraña entrara al liceo sin permiso.
Dijo que podría, por ejemplo, haber estado vendiendo drogas. Se intentó explicarle que drogas no vendió (en todo caso puede preguntarle a los estudiantes dónde están las bocas de pasta base del barrio que en modo alguno cometerían la bobera de ir a vender en un baño de liceo), sino que era una periodista que trataba de registrar cómo se le falta el respeto día por día a los estudiantes más pobres del país.
Un rato después de que el enojado abogado cortó abruptamente, un agente de la seccional 7ª del Prado citaba a la periodista para que respondiera a esa denuncia.
La denuncia la había presentado la directora del 16, que se hizo presente personalmente en la sede policial acompañada por un abogado, una asistente social y el funcionario que había descubierto a la periodista.
Cuatro salarios públicos (más el de los policías que tomaron la denuncia) dedicados a hacer justicia contra una periodista que entró a un liceo público con una cámara.
Las cosas no fueron tan sencillas para la delegación del 16 que se presentó en la seccional 7ª como una avanzada de los derechos estudiantiles.
En el hall de la seccional estaba una mujer muy pero muy enojada. A su hija le habían destrozado la cara de un golpe dentro del liceo 16. "Lesiones graves", dice la denuncia que presentó.
Nadie nunca desde el liceo se había comunicado con ella ni con la Policía para denunciar que una estudiante se había tenido que retirar del liceo con el rostro chorreando sangre porque fue agredida por otro estudiante.
Para denunciar a una periodista que estaba tratando de mostrar lo que la autoridad quiere ocultar, cuatro funcionarios se movilizaron hasta la seccional; para denunciar esta tremenda agresión, ni una llamada.
Basta imaginar la escena dentro de la comisaría cuando la madre de la joven se cruzó con la directora del 16 y con todos sus esmerados subalternos que tuvieron la mala idea de ir, justo en ese momento, a denunciar a la periodista.
Parece que en las seccionales abundan episodios como este, en el que el diario se vio envuelto por la absurda denuncia sobre la cual el juez dispuso telefónicamente que no había mérito.
Claro, antes el juez tuvo que dejar de lado los homicidios, las rapiñas y todo lo demás para atender una denuncia contra alguien que buscaba registrar lo que las autoridades no pueden tapar ni con el más grande de los dislates.
Antes que la periodista se retirara de la seccional, un policía anunció que había una denuncia del liceo 56, que está a pasos del 16, porque estudiantes se enfrentaron con cuchillos.
Quisimos hacerle un poco de caso al presidente, pero no imaginábamos que ir a un liceo podía ser el camino más corto hacia una seccional policial.