El mapa y el territorio
Yugoslavia es la primera novela del escritor Matías Núñez, con la que obtuvo el Premio Nacional de Narrativa. Cuenta la historia de tres uruguayos en Estados Unidos, sus desventuras y sus raíces rotas
Neil Diamond dice en una canción: “De todos lados del mundo, ellos vienen a América, tienen un sueño para compartir, y ellos vienen a América… ¡hoy!”. Obviamente, para un estadounidense, América es la forma en que llaman a su país. La canción es de 1980, tiene más de 30 años, pero se refiere a hechos antiguos pero vigentes. Porque si todavía los Estados Unidos siguen siendo destino promisorio para muchos, también es cierto que lo es desde hace siglos.
Desde su propia fundación como país, EEUU recibe a gente en problemas, baste recordar los puritanos del Mayflower, los millones que llegaron a esas costas durante el siglo XIX y también durante el XX. En cada crisis social del mundo llegaron inmigrantes: armenios, judíos, vietnamitas, cubanos, bosnios y demás ex yugoslavos. Y también uruguayos, especialmente en la crisis de 2002.
Muchos de esos personajes se transformaron en literatura, como los lituanos de la novela de Upton Sinclair La jungla, de 1906 y los italianos de Mario Puzo en los años de 1950 y 1960, y otros ejemplos más como las novelas de Tom Wolfe. Todos ellos se alimentaron de la idea del sueño americano, hayan luego conseguido o no esa quimera.
¿Qué hizo Matías Núñez? Aprovechando experiencias personales que tenían que ver con la desterritorialidad, la nacionalidad a la intemperie y otros roces humanos, este uruguayo nacido en 1981 en Caracas escribió la historia de tres uruguayos a la deriva en un suburbio de Saint Louis, Missouri, y de lo que deben hacer para sobrevivir dentro de esa comunidad tan multicultural como compleja.
El resultado es un libro que se ubica en un plano a mitad de camino entre el Uruguay y el Estados Unidos profundo, porque parece una visión de un yanqui decadente con los ojos de personajes uruguayos desclasados y en problemas económicos en el centro de la América más escuálida y encastada.
Un barco tradicional de rueda de aspas de esos que surcan el Misuri o el Misisipi, lejano símbolo, por ejemplo, de la literatura de Mark Twain, aparece aquí como un casino berreta, como un signo más de la decadencia que rodea a los personajes.
Hay una cantidad de escritores uruguayos influidos por el realismo de la literatura estadounidense, que a su vez es deudor del realismo clásico francés, ruso e inglés de la segunda mitad del siglo XIX. Este es un realismo llamado “sucio” (su cultor es Raymond Carver), y la suciedad se puede entender de dos maneras: la literal, la de apartamentos desordenados con montañas de platos en la pileta y la suciedad de relaciones un tanto aplastadas, donde se perdió la espontaneidad, donde predomina la duda y la melancolía del fracaso, donde el presente es solo un momento estancado, encharcado, de un futuro igual de desesperanzador.
Todo eso (que en términos de acción no es mucho) sucede en este territorio “yugoslavo”. Un par de uruguayos desperdigados en un contexto como las afueras de Saint Louis generan una historia triste, desgarrada pero no por la violencia física (que también está): no, más bien el desgarro es interno, está en la flaqueza de los objetivos, en el ida y vuelta de un barrio periférico de una ciudad lateral en un país gigantesco a un hogar acá en Montevideo que, además, ya no existe. Los problemas, como semillas viajeras, como fetos imaginarios, iban ya dentro de los personajes, antes de que llegaran a pedirle soluciones a un país que tampoco las puede asegurar.
Después de leer Yugoslavia, las sensaciones son amargas, pero esa amargura resulta de la calidad de lo escrito.
Por momentos la prosa es contundente, por momentos el diálogo se hace veloz (de nuevo con un dejo a Tom Wolfe), intenta reproducir las particularidades fonéticas y el vocabulario de cada país en cada personaje. Todo este realismo remarca esa sensación de desazón ante los destinos de los personajes.
Pero a pesar de todos los retratos negativos que siguen sucediéndose, a pesar de todos los sueños americanos que se siguen rompiendo, a pesar de todo es que creo que la canción de Neil Diamond sigue hablando de una realidad verdadera.
Y como va a continuar este éxodo del mundo hacia EEUU creo que todavía quedan muchas historias de este tipo por contar.