puerto de Punta del Este es una de las atracciones más vistosas de la península. Sus barcos, desplegados entre las marinas y la pequeña rada, los mástiles alineados, la belleza de las formas de los cascos –desde la sutileza de un velero clásico a la ostentación de un yate de lujo— y las banderas al viento en época de regata (en este momento se desarrolla la Copa Rolex del Atlántico Sur) hacen del puerto un lugar de concurrencia de turistas, un polo laboral y también un espacio de interacción social.
Allí se produce un microcosmos particular, compuesto por los propietarios de las embarcaciones, por los tripulantes de las mismas (que son los que pasan más tiempo a bordo) y por la órbita de empleos que generan los servicios que las naves requieren.
Aparte de los skippers (timoneles), de los marineros y del personal de servicio de veleros y yates, en el puerto abundan los electricistas, los carpinteros, los mecánicos, los buzos, los equipos de limpieza e incluso vendedores ambulantes que se benefician de la actividad náutica. Más de 1.000 personas tienen empleos vinculados a labores en el puerto, por fuera de la actividad pesquera.
“Hoteles marinos”
Como Uruguay no cuenta con astilleros que fabriquen los barcos que arriban a los puertos nacionales, estos no pagan impuestos especiales al amarrar, como sí sucede en Argentina o Brasil. Esta situación de “paraíso náutico” es atractiva para muchos propietarios de grandes embarcaciones que recalan en Punta en alta temporada.
Para este año la Dirección Nacional de Hidrografía, que gestiona el puerto esteño, puso a disposición 543 amarras, de las que casi el 80% están en las diferentes marinas, mientras unas 100 se encuentran “a borneo”, o sea flotando en la periferia del puerto y por ende con menor resguardo en caso de tormenta.
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Los precios de las amarras dependen del tamaño del barco en cuestión y del lugar en que esté ubicado en el puerto. Para poner un ejemplo, un velero de un palo con 54 pies de eslora, o sea unos 18 metros de largo, paga por una amarra en una marina con servicio de luz y agua unos US$ 170 por día, hasta el 28 de febrero, cuando se considera que concluye la alta temporada.
Esta suerte de hotel marino tiene un plazo de nueve meses sin cargo extra para el visitante. Sobrepasado este lapso, quien se quede en el país por más tiempo deberá abonar 20 unidades reajustables. “Este puerto tiene precios más caros que Europa”, dice a El Observador el skipper uruguayo Billy Torres, quien comanda el timón en un velero que acaba de arribar a Punta del Este.
El precio de los barcos también varía con su tamaño y sus características. Hay yates de varios millones de dólares hasta pequeños veleros que arañan los US$ 100 mil. Además, existe una ecuación para calcular los gastos de mantenimiento anual de un barco: entre 10% y 15% del valor de la embarcación. “La gente de mar dice que el mejor momento de un barco es al comprarlo y al venderlo. En el medio, lo que tenés son gastos y más gastos”, explica Torres.