El misterio científico de las alergias
Pueden provocar desde molestos síntomas como estornudos hasta llevar a la muerte, pero los especialistas aún desconocen por qué el cuerpo reacciona así
Cualquiera que tenga una alergia tiene su propia historia, un relato de cómo descubrió que su sistema inmune se desorienta cuando cierta molécula arbitraria entra en su cuerpo. Hay cientos de millones de estas historias. Solo en Estados Unidos, cerca de 18 millones de personas sufren de rinitis y las alergias a las comidas afectan a millones de niños norteamericanos. La prevalencia de las alergias en muchos otros países está aumentando.
La lista de alérgenos incluye látex, oro, polen, penicilina, veneno de insectos, maní, papayas, picaduras de aguavivas, perfume, huevos, las heces de los ácaros domésticos, salmón, carne, níquel y un largo etcétera.
Una vez que estas sustancias disparan una alergia, los síntomas pueden ser desde molestos hasta mortales. La rinitis provoca estornudos y ardor a los ojos, la alergia a la comida puede causar vómitos y diarrea, y una abeja puede provocar hinchazón en el lugar de la picadura y otras zonas como los labios. Pero, para una minoría desafortunada, las alergias pueden disparar una reacción potencialmente fatal en todo el cuerpo conocida como “shock anafiláctico”.
A pesar del efecto nocivo de estos males, las opciones de tratamiento son limitadas. Por ejemplo, los antihistamínicos como la loratadina normalmente sirven para reducir los síntomas, pero estas drogas pueden causar adormecimiento, al igual que otros tratamientos.
Ciencia sin respuestas
Podrían existir tratamientos más efectivos si los científicos entendieran las alergias, pero una demencial red de causas se encuentra por debajo de estas reacciones. Se excitan las células, se liberan químicos y se transmiten señales. Los científicos solamente han mapeado el proceso. Y hay un misterio aún mayor por debajo de esta red bioquímica: ¿por qué tenemos alergias?
“Ese es exactamente el problema que me gusta”, dijo el inmunólogo Ruslan Medzhitov, de la Escuela de Medicina de Yale. “Es muy grande, fundamental y totalmente desconocido”, agregó.
En los últimos 20 años, Medzhitov ha hecho descubrimientos fundamentales acerca del sistema inmune, los que le valieron numerosos premios. Hoy está trabajando en una pregunta que puede cambiar a la inmunología: ¿por qué tenemos alergias? Nadie tiene una respuesta firme, pero la teoría más aceptada sugiere que las alergias son un fallo de las defensas contra los gusanos parasitarios. En el mundo industrializado, en el que dichas infecciones son raras, este sistema reacciona de una manera exagerada ante elementos que no son dañinos, haciendo miserable a la gente en el proceso.
Medzhitov, en cambio, piensa que las alergias no son simplemente un resbalón biológico.
Para él son una defensa esencial contra químicos nocivos, una defensa que ha servido a nuestros ancestros durante decenas de millones de años y continúa haciéndolo hasta el día de hoy. Es una teoría controversial y Medzhitov lo reconoce. Pero también está seguro de que la historia demostrará que está en lo cierto.
Una historia entre alergias
Los físicos del mundo antiguo conocían las alergias. Hace tres mil años, doctores chinos describieron una “fiebre de planta” que causaba congestiones en otoño. Hay evidencia de que el faraón egipcio Menes murió por la picadura de una avispa en 2641 a.C. Dos mil años y medio después, el filósofo romano Lucrecio escribió: “Lo que es comida para unos, es para otros amargo veneno”.
Pero fue un poco más de un siglo después que los científicos se dieron cuenta de que estos síntomas diversos son las distintas cabezas de una misma hidra. Para entonces, los investigadores lograron descubrir que muchas enfermedades son causadas por bacterias y otros patógenos, y que el ser humano lucha contra estos invasores con el sistema inmune, una armada de células que puede liberar químicos mortales. Pronto hallaron que el sistema inmune también puede causar daño.
En 1906, un doctor austríaco llamado Clemens von Pirquet se preguntó cómo era que, una vez dentro del organismo, esas sustancias podían cambiar la forma en que el cuerpo reaccionaba. Para describir esta respuesta, inventó la palabra “alergia”, de las palabras griegas “allos” (otro) y “ergon” (trabajo).
En las décadas que siguieron, los científicos descubrieron que las etapas moleculares de estas reacciones eran muy similares. El proceso comienza cuando un alergeno llega a una de las superficies del cuerpo. Estas superficies están llenas de células inmunes que actúan como centinelas. Cuando un centinela se encuentra con un alergeno, primero envuelve al invasor y lo destruye, para luego decorar su superficie externa con fragmentos de la sustancia. Acto siguiente, la célula localiza algo de tejido linfático. Ahí es que pasa los fragmentos a otras células inmunes, que producen un anticuerpo con forma de tenedor, conocido como IgE.
Estos anticuerpos dispararán una respuesta si encuentran ese alergeno nuevamente. La reacción comienza cuando un anticuerpo activa un componente del sistema inmune conocido como célula mástil, que luego libera un montón de químicos. Algunos de estos químicos se aferran a los nervios, disparando picazón y tos. Algunas veces se producen mucosidades. Los músculos respiratorios pueden contraerse, haciendo que respirar sea más difícil.
Esta sucesión de acontecimientos internos, descubierta en laboratorios en el último siglo, responde el cómo del misterio de las alergias. Por lo que aún queda sin responder el por qué. Y eso es sorprendente, porque la pregunta tenía una respuesta bastante clara para muchas de las partes del sistema inmune.