ver más

Twittero consumado y fanático de la tecnología, tanto como del emprendedurismo, se muestra Rafael Fernández; incluso en su afán de aportar siempre algo más de información se aprecia la veta emprendedora. Abandonando la comodidad y la promesa de crecimiento que le ofrecía una multinacional, en enero de 2008 se animó a poner un café en el barrio Punta Carretas en sociedad con la panadería de sus padres. Y empezó a crecer. Hoy, Amaretto tiene cuatro sucursales –21 de Setiembre, Casablanca, Montevideo Shopping y Portones Shopping–, casi 60 empleados y permanentemente apuesta a dar un paso más.

Tenía comodidad laboral. ¿Qué lo motivó a lanzar Amaretto?
No existe el momento ideal. Debía salir de mi zona de confort, lo que obviamente implica riesgos y ciertas incomodidades.
A los 20 años tenía muchas ganas de abordar un emprendimiento, pero sentía que me faltaba experiencia. Trabajé en Punto Ogilvy, un experiencia durísima pero sumamente gratificante, donde el salto siguiente era la dirección, algo que veía muy lejano. En el 2000 me capturó AB Mauri, una multinacional que vende insumos para panificación. Era gerente comercial. Me hicieron una excelente propuesta de carrera para seguir en el exterior, pero yo estaba mucho más cerca de irme. Ahora siento que en ese momento buscaba jefes que me aportaran: fui guardando herramientas en el maletín para un día dar mis propios pasos.

¿Qué dificultades trae aparejadas emprender en familia?
Es muy reconfortante en términos generales; uno tiene momentos de tensión como en cualquier empresa. En nuestro caso discutimos mucho en la previa. El estrés familiar lo llevamos bien. Tengo muchísimo apoyo de todos, sobre todo de mi mujer, más aun cuando el primer año vivimos básicamente del sueldo de ella. Sin el soporte familiar yo no podría haberme animado a emprender.

Esperó a contar con la experiencia, pero ¿qué errores cometió?
Muchos, pero el punto es cómo seguir adelante, qué aprendiste, y cuidar que esos errores no sean tan caros que te cuesten el negocio. Cuando abrimos el local de 21 de Setiembre propusimos un formato traído del exterior, pero había que hacerle muchos ajustes para que localmente funcionara.
Arrancamos con atención al mostrador: eso duró dos meses. La gente reclamaba la atención en las mesas, por la estética del café. Tuvimos que contratar más gente para atender porque se generaba mucho ruido como para seguir manteniendo ese formato.

Fue importante ganarle a otras grandes empresas el llamado para instalar dos cafeterías en Moviecenter de Montevideo Shopping y Portones.
Éramos los más chicos del llamado, pero creo que nuestro estilo de gestión hizo la diferencia. Cuando uno tiene una empresa pequeña hay que estar un poco arriba de todo y asumir sacrificios. Es un tipo de espíritu más difícil de conseguir en una organización grande. Apostaron a Amaretto porque sabían que yo iba a estar cuando se presentaran problemas.

Es muy activo en Twitter ¿Qué le aporta al emprendimiento?
Nos da mucha presencia y nos ayuda con la comunicación. Tampoco teníamos un gran presupuesto para hacer publicidad desde el punto de vista tradicional. Además te retroalimenta, recibís mucho feedback de los clientes: eso me sirve desde el punto de vista de la gestión, para tener también un cable a tierra.

Seguí leyendo