El mundo de Wall Street, un paseo por la fauna
La batalla entre analistas técnicos y fundamentales recuerda la disputa entre liberales y keynesianos
En el medio del pánico en los mercados se desarrolla una encarnizada controversia entre los partidarios de dos modelos de inversión que nada envidia en intensidad a las disputas entre liberales y keynesianos o comunistas y anarquistas. El nerviosismo de los inversores se refleja en una persistente caída de los índices accionarios y la ciclotimia se puede observar en una sucesión de picos y valles en las gráficas dibujadas por la evolución de los valores.
En esa situación sacan pecho –cuando ganan, claro– los partidarios del “análisis técnico”, un método que consiste en la lectura de las gráficas y, en función de figuras e interpretación de indicadores de volumen y rentabilidad, predecir la tendencia del mercado en busca del mejor momento para comprar y vender. Las gráficas son muy seductoras y ejercen el magnetismo de las mejores vidrieras del shopping financiero. Entre los defensores de esta escuela hay profesionales estudiosos y destacados que trabajan en los primeros niveles de las principales instituciones financieras. Otros se pliegan al análisis técnico en busca de un atajo que les permita evitar años de estudio para conocer las características determinantes del comportamiento de los activos.
Y, justamente, aquellos profesionales dedicados a estudiar la valuación de la renta fija, la influencia de las variables económicas en los mercados de valores y los estados financieros de las empresas para intuir la evolución de las acciones son los que pregonan el “análisis fundamental”. Los partidarios de esta corriente de profesionales entienden, con estadísticas en la mano, que no es posible predecir el comportamiento de los mercados en función de datos del pasado. Si así fuera, todos seríamos ricos, dicen. En el medio de ambas posiciones, muchos inversionistas ponen un ojo en los fundamentos y otro en las gráficas, sin jugarse demasiado por uno u otro bando.
En la inestabilidad en la que los técnicos apuestan al día por día y los fundamentales al mediano y largo plazo, se cuela toda una gama de inversores que va desde el apostador hasta el hiperinformado que no da un paso sin consultar a un Chartered Financial Advisor (CFA).
Entre personas que únicamente se acercan a los mercados cuando la gráfica apunta alto, como los cuernos del toro (bull market), otros hacen su cosecha cuando la garra del oso mata en dirección descendente (bear market). Eso sí, entre todos los integrantes de la fauna financiera los más indefensos son aquellos que, con un título universitario y amplia cultura general, se acercan a la bolsa e inmediatamente creen saberlo todo. Son los que más rápido terminan entre los colmillos de las fieras.