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Por redundantes y obvios que parezcan dentro de la jerga periodística conceptos recientes como el “data journalism” o “periodismo de datos”, es evidente que algo dentro del sistema no se está haciendo bien. No lo dicen los medios ni los pretendidos pontificadores permanentes de la materia, sino el público: según una encuesta de Google, 64% de los votantes estadounidenses recurren a sitios de Fact Checking en internet para revisar si los políticos dicen la verdad o no en sus afirmaciones. Todo mientras la campaña se hace más y más intensa en una recta final en la que parece que irán cabeza a cabeza y se terminará con photofinish.

En ese panorama aparecen estos sitios cuyo objetivo es, simplemente, chequear en una enorme base de datos y al instante lo que los políticos están diciendo en vivo. Espectacular es el escrache en tiempo real de los candidatos de turno en las declaraciones. ¿Cuál es la diferencia con un medio convencional haciendo cobertura? Que estos sitios están solamente dedicados al chequeo de datos, no así a la valoración, análisis o editorialización de lo que pasa en la arena política. Se basan en amontonar toda la información en sitios y en archivos digitales a partir de los cuales se pueden obtener rápidamente las declaraciones de un político acerca de determinado tema, o las estadísticas para señalar si una afirmación es verdadera, falsa o “verdadera pero manipulada”.

Fanáticos de la estadística como pocos, los estadounidenses aparecieron con el proyecto desde 2003, cuando se conoció en Pensilvania Factchecking.org. El sitio sin fines de lucro y fundado por Brooks Jackson, un periodista veterano en temas del Congreso de Washington.

En aquel momento, el Fact Check era apenas un proyecto de investigación universitaria. “Se monitorea la veracidad fáctica de lo que dicen los principales actores de la política estadounidense en avisos de televisión, debates, discursos, entrevistas y comunicados de prensa”. El proyecto forma parte del Anneberg Public Policy Center, fundado con la intención de “crear una comunidad de egresados dedicados a temas de interés público a nivel local, estatal y federal”. Además de seguir campañas, la gente puede pedirles información acerca de cualquier cuestión política o pública.

En su portada actual dedican varios artículos al pasado tercer debate entre Barack Obama y Mitt Romney, pero también todas estas se agrupan en medidores de verdad para, en este caso, cada uno de los candidatos. Es el estilo de otros sitios como PolitiFact.com, que ya se ha llevado hasta un Pullitzer. El sitio incluye además una estadística aparte llamada “medidor de promesas”, en el cual se mide el porcentaje de cumplimiento del actual presidente. Hasta el momento, según sus datos, Obama se encuentra en 38% de promesas cumplidas (192) y 15% (77) de aún comprometidas y 17% (86) de promesas rotas o no cumplidas. El restante 30% se encuentra en proceso o detenidas.

Distinguir entre la verdad y lo falso en modalidades que presenten números, citas y hechos concretos es una tendencia a la que también se han sumado los medios. Sitios como los de las publicaciones New York Times, el Washington Post o Politico, también han desarrollado Fact Checks de los candidatos a presidente en las pasadas elecciones. Hace dos debates, el Fact Check del Boston Globe permitió a los espectadores del segundo debate saber que la afirmación de Romney de que sus balances de gobierno cerraban siempre era “verdadera pero manipulada”: según la Constitución de Massachussetts, los balances tienen que cerrar ya que así lo indica la ley. También estas iniciativas se están extendiendo a las coberturas de televisión.

Como siempre, el fenómeno ya no es solo estadounidense. El Channnel 4 británico tiene desde hace tiempo una de las versiones con mejor reputación y en Argentina, Chequeado.com no solo se dedica “a las fuentes más confiables y, cuando es necesario, a los especialistas de la materia que se investiga para poder determinar en qué medida los dichos analizados son consistentes con los hechos reales o los datos comprobables a los que se refieren”. La idea de complejizar y hacer más certeros a los sistemas de comprobación de la información avanza hacia convertirse en realidad. l

El rigor, aplicado a Apple
De alguna manera, la presentación del pasado martes del nuevo iPad Mini tomó un cierto cariz de debate. Sucede que Phil Schiller, uno de los capos de la empresa y encargado de presentar el nuevo producto, no paró de hacer referencias a la tableta Nexus de Google. Entonces, sitios como C-Net se dedicaron a hacer un fact check de la presentación.

En temas como el tamaño, por ejemplo, los periodistas de C-Net tomaron expresiones vertidas referidas a otros modelos de Apple como para comparar: “Schiller sugirió velozmente que 10 décimos de pulgada (el iPad Mini tiene 7.9 contra 7 de la Nexus) hacen una enorme diferencia. Pero ¿es realmente una diferencia sustanciosa? Sería curioso escuchar qué piensa de las diferencias entre las cuatro pulgadas del iPhone 5 y las 4.8 del Samsung Galaxy, o del aun más grande Galaxy Note 2”.

El artículo cierra reflexionando acerca de las diferencias entre hechos y opiniones, y la validez de ciertos tipos de comparación. “Es fácil tirar datos y estadísticas cuando van a tu favor. Mientras te centres en los defectos del rival, no hay que preocuparse por las de uno”.
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