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El olor que delata la tragedia de las inundaciones en India

Con la bajada de las aguas, los olores de la basura y los animales muertos no se pueden ocultar

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21 de agosto de 2018 a las 05:00

En Aluva, el olor se percibe por todas partes: es omnipresente e imposible de ocultar. En esta pequeña ciudad de Kerala, estado indio afectado por inundaciones mortíferas, la devastación se hace visible con la bajada del agua.

Este olor, algunos lo atribuyen a los contenedores con basura podrida, otros a la degradación de los cadáveres de los animales muertos ahogados. "Puede ser de origen humano", reconoce un sobreviviente de las lluvias del monzón, refiriéndose a las más de 400 personas muertas en esta región del sur del país, con paisaje exuberante, muy frecuentada por los turistas durante la estación seca.

Al entrar al Union Christian College de Aluva, una localidad en los suburbios de Cochin, la gran metrópoli de Kerala, un olor nauseabundo impregna las fosas nasales. En el interior, unos 2.000 sobrevivientes se encuentran hacinados.

"Este olor es la consecuencia de cinco días sin poder bañarse", afirma Savita Saha, una damnificada por las lluvias e inundaciones mortales que han devastado a Aluva y al resto del estado, acostada junto a su marido sobre una estera de yute en un pasillo. "Todos llevan puesta la ropa que vestían cuando huyeron" de sus casas, añade.

En esta escuela, se forman largas colas frente los pocos baños disponibles. El edificio no cuenta con un lugar apropiado donde poder lavarse. Afuera, la lluvia acaba de parar. Los coches, muebles y colchones abandonados flotan en las calles de Aluva. El agua sucia y negra alcanza hasta las rodillas.

En un salón de clases, Rasitha Sojith no alcanza a contener sus lágrimas al recordar su fuga entre las aguas que le llegaban hasta el pecho donde mantenía apretado a su bebé de dos meses. El miércoles, su padre, su hermana y tres hijos de ésta llegaron a su casa para conocer al recién nacido, cuando el agua irrumpió en la vivienda.

"En tanto el nivel del agua subía rápidamente, tomamos apenas un poco de ropa para el bebé y nos refugiamos en la terraza del primer piso de la casa de un vecino", relata. Pero, la lluvia continuaba cayendo de manera implacable. Allí esperaron hasta la mañana siguiente, cuando un bote de pescadores los rescató.

"Todo está perdido. ¡Todo! No tenemos dinero siquiera para volver a nuestro barrio", se lamenta Rasitha. "No creo que podamos dejar este campamento pronto", constata. Al igual que esta mujer y su familia, unas 725.000 personas están albergadas en refugios improvisados en todo Kerala.

Ese mismo olor repugnante esperaba a Mumthaz cuando regresó a su casa en el distrito de Malikampeedika, en la zona de Cochin, para constatar los daños en su casa, aprovechando la pausa de las precipitaciones. "Estos restos fangosos y el hedor es todo lo que nos queda de nuestro pasado", afirma a la AFP. Del barro extrae colchones sucios, un sofá, utensilios domésticos dañados, e inclusive hasta los premios escolares de sus hijas.

Las autoridades estiman que los daños materiales de estas inundaciones ascienden a US$ 3.000 millones, cantidad que probablemente aumentará según se determine la magnitud de la destrucción.

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