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Después de la eliminación del equipo de Sergio Batista, me propuse no mirar los programas deportivos de televisión argentinos, porque imaginé que iban a realizar un escarnio público a jugadores y técnico. Me contaron que muchos colegas recorrieron ese camino. Este lunes, después de dos días, creí que podía haber bajado la intensidad de la crítica, por eso me planté otra vez frente a la TV y se desdibujó mi rostro cuando observé en ESPN a un periodista que se ofrecía para dirigir a la selección, y a otro que le reclamaba la lista de jugadores que llevaría y cuál sería su estilo de juego, mientras el candidato no tenía respuestas para esos interrogantes.

¿A qué voy con esto? A que, increíblemente, por lo que pude ver y por lo que me contaron, los periodistas argentinos analizan su eliminación desde la perspectiva como ombligos del mundo. Entonces ahí empieza el problema, porque se olvidan de analizar que quedaron afuera de la Copa América porque enfrente estuvo Uruguay, un equipo que llegó al torneo respaldado por un trabajo de cuatro años, bien ordenado y planificado, con una estrategia rigurosamente desarrollada, con un plan de vuelo definido y con jugadores que son unos leones y que alcanzaron un nivel de confianza como no existía en el fútbol uruguayo desde hacía muchísimo tiempo. Y se olvidaron que Argentina tiene una selección que cambió de técnico tras el Mundial, entre otras muchas razones de una realidad de la AFA –incluida la política, como en su momento la padeció la AUF, pero ese es un tema del que podrán hablar los que conocen del tema- que la condujo a ese final.

Argentina jugó un buen partido ante Uruguay, Messi hizo un gran juego, pero la diferencia estuvo en el rival. Argentina se fue del torneo por sus propios errores y por los aciertos de Uruguay. Cuando lo entiendan así, comprendiendo que un partido de fútbol se juega entre dos equipos y lo analicen de esa forma, podrán empezar a comprender las razones por las que se les frustró el sueño de ganar la Copa América.