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Dice el filósofo argentino Gustavo Varela en su libro Mal de tango que pensar el origen de esta manifestación cultural rioplatense no tiene tanto que ver con una necesidad de la historia sino con un modo que tienen los mitos de poder establecerse como fundadores de identidad. Porque el tango, como todo mito identitario, deriva en definitiva en un legado que moldea a un pueblo en tiempo presente. Es desde la óptica del tango como algo viviente donde radica la importancia de que haya sido (finalmente) elegido como tema por el Día del Patrimonio. No obstante, desconocer el origen de esta expresión cultural única es desconocer una parte importante de la idiosincrasia uruguaya.

Se calcula que el tango tiene su origen a mediados del siglo XIX, aunque se desconoce si comenzó primero en Montevideo, Buenos Aires o Rosario. En la capital uruguaya, a mediados de esta centuria se dio la confluencia de tres grupos humanos: el criollo desplazado del campo, el negro y el inmigrante pobre, que provenía principalmente de Italia y España. Todos ellos vivían en los suburbios de la ciudad o “arrabales”, denominación establecida por el Código Civil para denominar estas zonas, donde por disposición legal se instalaban los prostíbulos, explicó el historiador Freddy González, que estará dando varias charlas sobre tango este fin de semana.

“Entre 1860 y 1880 tenemos los primeros movimientos que se sitúan en el barrio de Goes, en esos galpones donde venían los frutos del interior del país donde los hombres, cuando dejaban de trabajar, se juntaban y hacían música”, destacó el experto. Los conventillos del Barrio Sur también fueron otros lugares de iniciación. Los hombres practicaban entre sí, y luego con mujeres en los prostíbulos.

En su inicio, el tango era la expresión festiva de esos “orilleros” sociales que le cantaban al sexo y a la provocación con canciones como Qué polvo con tanto viento y Sacudime la persiana. Con el tiempo, el tango se transforma para integrarse a la sociedad, se vuelve melancólico y honorable, deja el burdel y entra en la milonga. Como señala Varela, en esta nueva etapa, el tango ubica a la mujer en un triángulo moralizante: “la madre santa, la novia inmaculada, la prostituta descarriada”.

Se cree que el tango surge de una fusión de ritmos entre los que se encuentra el candombe, la milonga, el tango andaluz, la payada y la habanera, entre otros. Al principio la “música era interpretada por flauta y guitarra y en algún caso un violín. A fines del siglo XIX muchos de los músicos tocaban de oído. Luego se empezaron a incorporar el piano y el bandoneón y el tango se va haciendo más pausado”, explicó González.

Suele establecerse la importancia de los negros en el tango. “El aporte ha sido en el ritmo de la melodía, pero fundamentalmente en la danza, donde hay requiebros, cortes, quebradas, el movimiento de la cintura y el ritmo juguetón”, señala el investigador Tomás Olivera Chirimini, quien dará una charla sobre la influencia negra en el tango por el Día del Patrimonio. Hay bastante consenso en que el nombre de esta expresión cultural proviene de la palabra “tangó”, que significaba en el siglo XIX “reunión de negros que bailan al son de un tambor”, pero también eran denominados así los lugares donde encerraban a los esclavos y los sitios donde los vendían.

El proceso de incorporación del tango a la cultura hegemónica empezó a tomar forma cuando triunfó en Europa, comenzó a profesionalizarse y las letras se alejaron de su origen prostibulario. La fecha que se marca como hito de esta transición es 1917, cuando Pascual Contursi, un argentino que estaba refugiado por razones políticas en Montevideo, puso letra al tango Lita y lo bautizó Mi noche triste. La mítica interpretación de Carlos Gardel de este tema dio inicio al denominado “tango canción”.
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