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Desde hace once años, una expedición de arqueólogos marinos y científicos especializados en naufragios se encuentra en la costa norte de Haití en busca de encontrar la carabela Santa María, una de las tres que compuso la travesía original de Cristóbal Colón y que naufragara cerca de una playa de esa parte de la isla La Española la noche de Navidad de 1492. Hace unos días, esta exploración, al mando de Barry Clifford, uno de los hombres más experimentados en ese campo en la actualidad.

El descubrimiento significa un punto altísimo en la recuperación material de la historia de la primera etapa de la conquista de América por parte de los españoles. El 12 de octubre de 1492 Colón y sus hombres tocaron tierra en una isla que llamaron San Salvador, actualmente ubicada en el archipiélago de las Bahamas. Continuaron navegando en lo que creía eran las Indias. El 28 de octubre llegaron a la costa de la actual Cuba. El 6 de diciembre “descubren” otra fracción de tierra, que llamaran Española. El 25 de diciembre naufraga la Santa María pero la tripulación se salva y no hay que lamentar ninguna víctima.

Existen varias versiones sobre qué le sucedió a esta nao (nombre que le daban los españoles de la época a la embarcación), que medía apenas 23 metros de eslora y tenía tres mástiles, siendo así y todo la más grande del primer viaje, ya que La Niña y La Pinta eran incuso más chicas. El punto es que la noche previa a esa festividad cristiana los miembros de la expedición debieron evacuar la nave. Con parte de la Santa María construyeron sobre la costa un pequeño fuerte de madera, al que Colón bautizó de manera bastante obvia como Natividad. También sobre el origen del barco hay varias versiones. Según una versión, la Santa María provenía de Galicia, por eso algunos cronistas de la época la llamaron “La Gallega”. Otros afirman que la carabela se fabricó con dura madera de los bosques de Cantabria y se botó en el puerto cántabro de Castro Urdiales. Por eso quizás, su dueño era el navegante y cartógrafo cántabro Juan de la Cosa.

En enero de 1493 los navegantes deciden volver a España a avisar a los reyes el resultado de su viaje. A partir de entonces, la Santa María queda como un versito escolar en la memoria de quienes aprenden la versión oficial del descubrimiento, pero nunca más se supo qué fue de sus restos.

En 2003, Clifford estaba sumergido buceando en un arrecife cercano a la costa haitiana cuando fotografió un cañón que le llamó la atención. Era antiguo, posiblemente de fines del siglo XV. Son muchos los barcos españoles naufragados en el mar Caribe que responden a ese fragmento temporal, pero al chequear la ubicación del lugar con las cartas y los partes de Colón sobre el suceso, Clifford creyó estar tras la pista certera de que se trataba de la Santa María, buque insignia de una expedición que marcó a la humanidad para siempre.

Ahora dice que necesita ayuda del gobierno haitiano para poder continuar con la investigación y evaluar si es posible reflotar partes de un barco que hace más de cinco siglos reposa en el fondo del mar de aguas casi transparentes. La investigación de Clifford debió pasar en el país caribeño guerras civiles, golpes de estado, hambrunas, terremotos y crisis humanitarias. A pesar de todo esto, el patrimonio histórico de Haití es inagotable ya que se encuentra en la confluencia de varias corrientes de exploración, desde las iniciales a cargo de los españoles, hasta los viajes de los piratas franceses que se establecieron en sus costas.